La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de detener el impulso arancelario de Donald Trump trae un sabor agridulce a Colombia. Aunque limita la discreción de la Casa Blanca y ayuda a reducir la incertidumbre sobre cambios repentinos, es una victoria externa que en última instancia elimina la frágil ventaja competitiva que los productos nacionales han logrado mantener. La justicia estadounidense nivela el campo de juego, beneficiando a los exportadores de los países más afectados por los aranceles.
En una votación de 6 a 3, el tribunal determinó que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) no autorizaba al presidente Trump a imponer aranceles a su discreción. En su análisis, los jueces de distrito sostuvieron que “los derechos constituyen un impuesto” y recordaron que la facultad de imponer impuestos era competencia exclusiva del Congreso. Esta interpretación de la ley cierra una puerta pero no desarma completamente al poder ejecutivo. Según la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia (Analdex), el fallo “no prohíbe de manera integral los aranceles ni suprime las herramientas comerciales de la Casa Blanca”, sino que simplemente invalida esa base legal específica.
Mientras otros países celebraban el colapso de los muros que los asfixiaban, los exportadores colombianos encontraron que desaparecían los beneficios de exclusiones previamente negociadas, como las que protegían ciertos productos agrícolas. Al bajar los aranceles para todos, Colombia pierde el privilegio de ser uno de los pocos países que no paga aranceles en muchas áreas. Las flores todavía están sujetas al impuesto del 10%. Su sindicato, Asocolflores, aclaró que al acercarse la tarde de este viernes tienen la tarea de medir el verdadero impacto del fallo y que investigan las implicaciones de la noticia junto con la embajada. Esta es una industria que se ha visto muy afectada por los impuestos de Trump y el reciente aumento del salario mínimo en Colombia, ya que es una industria formal intensiva en mano de obra.
En el ámbito operativo, el cambio tampoco significa un alivio inmediato. La Cámara de Comercio Americana en Colombia (Amcham) advirtió que la implementación de la cancelación de tasas depende de las autoridades aduaneras (CBP), que deben actualizar sus sistemas técnicos, proceso que puede tardar semanas. Respecto a los pagos ya realizados, la Cámara de Comercio de Estados Unidos aclaró que “la Corte Suprema no ha establecido un mecanismo de reembolso automático” y que la retroactividad dependerá del estado procesal de cada importación. De hecho, según Bloomberg, miles de empresas e importadores ya se están preparando para iniciar una acción legal para recuperar hasta 170 mil millones de dólares en aranceles que han pagado al gobierno de Estados Unidos.
Destacaron en un comunicado de prensa que los aranceles a productos como acero, aluminio, automóviles y autopartes provenientes de los países andinos no cambiarán en ningún caso porque su origen no es el IEEPA. El alivio parece lejano. Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en el marco de la investigación técnica, las autoridades de Washington “evaluaron sectores gravables como el cobre, la madera y ciertas industrias manufactureras” para determinar si los niveles de importaciones desde Colombia en esos sectores justificaban la imposición de nuevos impuestos fronterizos. La situación se volvió aún más amarga con la respuesta inmediata de Washington: activar el Artículo 122 debido a problemas de balanza de pagos. Analdex destacó que el anuncio de un arancel global temporal del 10%, con vigencia de 150 días, o cinco meses, “es probable que afecte a todos los países exportadores, incluido Colombia, a menos que la norma prevea excepciones específicas”. Si Trump aplicara la rodillo universal, el país estaría en los mismos términos que antes pero sin la ventaja competitiva que rivales como Vietnam o Indonesia enfrentan por los aranceles más altos al café.
Ante este cambio hacia una política comercial más descentralizada, el consejo del sindicato es proceder con cautela. La Cámara de Comercio Estadounidense en Colombia aconseja a los dueños de negocios “no estar sujetos a modificaciones automáticas de las obligaciones arancelarias” antes de que se publique la guía oficial. El debate en Washington ya no gira en torno a si se pueden imponer aranceles, sino que se centra en qué reglas permiten mantenerlos. Para Colombia, el resultado fue desalentador: una táctica judicial para tratar de frenar a Trump que finalmente devolvió al país al punto de partida.