Juan Carlos Elas Sánchez
21 de febrero de 2026 00:20.
Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa, de Antonio Núñez de Herrera, publicado en 1934, sigue siendo uno de los libros más reveladores sobre la Semana Santa. No es estrictamente un libro devocional o de historia, sino una perspectiva literaria y crítica sobre la historia humana. … El contraste entre lo que afirma la Semana Santa –su “teoría”- y lo que realmente sucede –su “realidad”. La “teoría” es clara y sublime: la celebración del Misterio Pascual, el anuncio público de la Pasión de Cristo, la catequesis en las calles, la confesión, la fe plasmada en imágenes y símbolos. Es la dimensión de santidad, majestad y coherencia teológica. Sin embargo, la “realidad” es mucho más compleja. Núñez de Herrera pinta con ironía y claridad las imágenes de las diferentes personas que conviven en la celebración: devotos sinceros, estetas apasionados por la belleza, personas que buscan reconocimiento, curiosos, personas que ven el desfile como un evento social más que una experiencia espiritual. No había desprecio en su mirada, sino una afirmación: lo sublime y lo trivial estaban inevitablemente entrelazados.
Casi un siglo después, la eficacia de su enfoque es clara. Nuestra Semana Santa vive un momento de esplendor externo: crecimiento del legado, proyección mediática, poder organizativo. Pero la tensión entre teoría y realidad persiste. Afirmamos que el centro es Cristo, aunque no siempre sea el criterio final de nuestras decisiones. Afirmamos que estos pasos son catequesis viva, aunque no todos comprendan plenamente su contenido. Defendimos la fraternidad, pero también vivimos tensiones internas. Defendemos la tradición, pero a veces confundimos lo imprescindible con los complementos. Ante esta situación, es fácil caer en uno de dos extremos: la nostalgia paralizante de “cualquier momento pasado fue mejor” o el triunfalismo de quienes insisten en que estamos viviendo el mejor momento de la historia. Ambos enfoques están incompletos. Las responsabilidades actuales requieren puntos de equilibrio, puntos de inflexión y reflexiones entre el pasado y el futuro.
Somos quienes somos. Somos quienes somos. Seguiremos el trabajo de hoy y decidiremos postularnos. La confianza está en que nuestros hermanos sepan activar la coherencia entre teoría y realidad. Esto requiere un diálogo comprometido entre hermanos, una comunicación efectiva con las instituciones y capacidad de autocrítica compartida. No se trata de destruir lo heredado, sino de entender cómo protegerlo purificándolo de posibles desviaciones.
La tarea más urgente puede ser diseñar y consolidar el modelo de Semana Santa, afrontando con valentía los excesos y peligros de algunas de las tendencias actuales: pompa excesiva, competencia, desequilibrio económico, superficialidad en la educación o secularización de los estándares. La Semana Santa nunca es perfecta, pero siempre puede renovarse. Su futuro depende no sólo del esplendor exterior sino también de la profundidad interior y de la coherencia con el evangelio que proclama. En este constante ejercicio de conocimiento, su autenticidad y credibilidad están en juego.