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El presidente colombiano, Gustavo Petro, anunció la noche del jueves que mantendrá el salario mínimo en los 2 millones de pesos establecidos en diciembre. “No quiero exagerar”, dijo al anunciar la decisión. “No retrocedimos, firmamos el acuerdo y lo presentamos al Consejo de Estado”, dijo entre vítores y aplausos. Por lo tanto, a pesar de las órdenes del Consejo de Estado y judiciales que suspendieron la implementación de los decretos gubernamentales y le dieron ocho días para emitir nuevos decretos, el presidente mantuvo el aumento histórico del 23,8%. Petro cumplió el plazo sin añadir cifras, prometiendo que el aumento estaba respaldado por investigaciones técnicas.

Decenas de miles de ciudadanos respondieron a su llamado y marcharon en apoyo de un aumento histórico del salario mínimo. En la Plaza de Bolívar, centro político del país, los manifestantes reiteraron una de las consignas sociales más tradicionales, “Ni un paso atrás”, sólo cambiando las vocales y los matices económicos para adecuarse mejor a la causa de la protesta: “Ni un solo peso atrás”, gritaban. En este cántico, mezclado con vítores al Petro, los asistentes defendieron la ganancia del 23,8%. La Plaza del Festival espera al Presidente para leer el nuevo decreto a la multitud.

Aunque el Consejo de Estado argumentó en su resolución que el Gobierno se extralimitó en sus competencias porque no tuvo en cuenta los criterios técnicos habituales, como los objetivos de inflación o de productividad, como exige la ley, para los manifestantes el motivo de la decisión no fue judicial sino político. “Sabemos que el Consejo de Estado está politizado”, dijo Amparo Giraldo, de 60 años, quien viajó al centro de la capital con dos amigos de su vecino Kennedy, no sólo para apoyar el salario mínimo sino, según dijo, “también para apoyar las propuestas de la Convención Constitucional y todas las reformas de gobierno”.

Petro aclaró que este no era un llamado político a la prohibición durante las elecciones, sino una protesta contra la abolición del salario mínimo. Sin embargo, la publicidad electoral se coló en las manifestaciones: la candidatura restringida al Senado de María Eugenia Londoño, del partido gobernante Acuerdo Histórico, y un periódico editado por el candidato del Frente Amplida, Fabio Arias. Andrés Reyes, un estudiante de la licenciatura en Educación Física de 19 años, cree que no se puede ignorar el cambio y que los ciudadanos también son entidades políticas. “No podemos aislarnos de la situación que nos rodea”, dijo sobre las reformas sociales que el presidente está tratando de impulsar, muchas de las cuales, según Petro, no se han materializado debido a “bloqueos institucionales”. En su discurso del jueves, Petro fue más allá. Como dijo a la multitud, sus reformas estaban “encarceladas”.

Para Reyes, la intervención del Consejo de Estado estuvo mediada por distintas fuerzas políticas, argumentando que el tribunal “actuó en nombre de los derechos”. Insistió en que el aumento anual del salario mínimo promulgado por el gobierno anterior en realidad “no tenía mérito” según criterios técnicos defendidos por el tribunal. El resultado, añadió el empresario independiente Jorge Antonio Pérez, es que “siempre hay gente más pobre que es más pobre”. “Somos ciudadanos comunes y corrientes y, a diferencia de ellos, queremos beneficiarnos del pueblo y vivir a costa nuestra”, dijo Pérez, vistiendo una camiseta de la Organización Nacional de Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac).

Hay varias organizaciones indígenas en la Plaza Bolívar. “Sin el poder del pueblo, el cambio no ocurrirá en este país”, dijo Rosalino Joropa, asesor principal de la Organización de Pueblos Indígenas de Colombia (ONIC). “No sólo está en riesgo el salario digno, sino también los derechos que hemos ganado”, afirmó. Luego hizo una declaración política: “Debemos convertirnos en mayoría en el Congreso. Debemos derrotar a quienes están en contra de los agricultores”. Aunque el presidente no mencionó ningún candidato en su discurso, los asistentes interpretaron el mensaje como un guiño a la continuidad en la izquierda: “Vive, siente, presidente Cepeda”, dijeron largamente, mientras Petro guardaba silencio a intervalos.

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