18 de febrero de 2026
Actualizado a las 03:30 a.m.
Para Sánchez, no había socio más leal que Ortegui, quien había sido condenado varias veces por terrorismo pero que todavía no buscaba perdón para todas las víctimas de la organización criminal. La audacia de Otegi le llevó a afirmar ante un grupo de activistas en 2021: “Si tenemos que votar los presupuestos para sacar a 200 presos de prisión, entonces votaremos”. La confesión del chantajista se intercambió por la generosidad de la parte chantajeada, y lo que parecía ser en principio coerción política entre Sánchez y Ortegui se convirtió en una amistad mutuamente beneficiosa sin rastro de fuerza. Se entienden y confían mutuamente de una manera que Sánchez no ha podido hacerlo con ningún otro socio de izquierda.
El precio del voto se está pagando a tiempo, no sólo por los presos, sino también por la legitimidad política de EH Bildu, el olvido oficial de las víctimas de ETA y el acceso a instituciones como el Ayuntamiento de Pamplona que Abezale desea claramente para el anexionismo. Pero de todas estas compensaciones del gobierno de Sánchez, la más preciada es la pronta liberación de los presos. Para EH Bildu, la liberación de los terroristas encarcelados supuso un intercambio entre partidos iguales, un reconocimiento implícito de la legitimidad de su terrorismo, que dio al Gobierno de Sánchez el alivio moral necesario para llegar a un acuerdo con quienes todavía hoy conmemoran a sus asesinos.
De los 200 presos citados por Otegi en 2021, hoy sólo 57 no disfrutan aún del tercer grado ni del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, un auténtico atajo para eludir la escalada de condiciones legales. El Reglamento Penitenciario prevé la promoción de grado y un trato especial en virtud de ese artículo, pero no podemos ser ingenuos acerca de la situación actual, ya que es una respuesta a la manipulación política como herramienta legítima para la resocialización de los delincuentes. La estrategia fue tan simple como condenada: el gobierno transfirió el poder de la política penitenciaria al País Vasco y al gobierno de Pradales, como siempre complaciendo al ala izquierda de Abezale y, bajo el liderazgo de la ministra socialista de Justicia María Jesús San José, la implementación disciplinada de las directrices de “presos por votos”. Asimismo, el PNV también recoge frutos secos.
Uno de los varios ganadores de este juego de manos legal fue el sanguinario Iglesias Chouzas, alias “Gaddafi”, a quien se han atribuido casi dos docenas de asesinatos. En abril del año pasado, en medio de la indignación de las víctimas, se le emitió la ley 100.2. En la lista se incluyen las figuras más importantes de la historia criminal de ETA, como el asesino de Gregorio Ordóñez, o el recientemente titulado Txeroki, que hasta 2008 fue jefe de ETA y fue condenado a más de 400 años de prisión por múltiples asesinatos y otros delitos. No se trata de negar estas medidas porque los presos realmente las merezcan, según informes de expertos penitenciarios que realizan evaluaciones individuales a largo plazo de los presos. Es inaceptable que se apliquen en masa porque entra en conflicto con el objetivo de resocialización de los presos que ellos mismos tienen en mente, y porque las decisiones que se toman están impregnadas de oportunismo político y de una total falta de empatía hacia las víctimas. ●●