El ministro cubano de Asuntos Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, abandonó el Palacio de Viana, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, poco después de las 18.40 horas. El lunes se reunió con el Ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Álvarez, durante aproximadamente una hora y media. Fuentes diplomáticas señalaron que el tema central del encuentro será “la situación de Cuba y la próxima cumbre iberoamericana”, que se celebrará en Madrid los días 4 y 5 de noviembre.
En la puerta de la sede del ministro nueve personas esperaban la llegada del político cubano, que llegó en coche pocos minutos después de las cinco de la tarde. y fue abusado por un puñado de manifestantes. Los asistentes exigieron la intervención del presidente estadounidense Donald Trump, cuya administración cortó el suministro de combustible a la isla y advirtió sobre aranceles a los países que se atrevan a enviar crudo a Cuba. Rodríguez ha dejado el ministerio
La visita se enmarca en la agenda internacional de Rodríguez Parrilla, quien acaba de concluir una visita a China y Vietnam, dos países a los que el gobierno cubano ha recurrido en busca de apoyo ante la asfixiante crisis que vive Cuba. Tras este viaje, el presidente del Gobierno llegó a España con el objetivo de conseguir apoyos para el Gobierno socialista del presidente Pedro Sánchez.
Uno de los manifestantes, el cubano Lucio Enríquez Nodarse, de 53 años, afirmó que el ministro español “no tiene ningún diálogo con la dictadura cubana” y afirmó que no debería tener ninguna relación con Cuba porque cualquier trato o acuerdo “favorece a la dictadura, no al pueblo”. El cubano de 53 años afirmó a su salida del Palacio de Viana que en Cuba “la dictadura y el pueblo son dos cosas completamente distintas” y que los tratados internacionales siempre se firman con el régimen y no con los ciudadanos, por lo que “allí no habrá nada que beneficie al pueblo cubano”.
El manifestante aseguró que salió de Cuba hace 25 años pero todavía tiene familia en la isla, donde las condiciones son “horribles”, hay “hambre”, no hay medicinas y el corte de luz “puede durar más de 20 horas, o incluso dos o tres días”. Nodals cree que aunque las nuevas medidas de Trump no son adecuadas para el régimen, “la mayoría de la gente”, incluida su familia, está de acuerdo en que se debe recortar todo para que “el sistema colapse por completo”.
Rodríguez Parrilla llega a Madrid mientras su país sufre las consecuencias del estrangulamiento petrolero impuesto por el presidente de Estados Unidos, el último golpe de una crisis sistémica sumada a restricciones pandémicas al turismo y más de 60 años de embargo económico. La falta de combustible (el suministro a Cuba de más de 27.000 barriles por día de petróleo procedente del régimen chavista de Venezuela ha sido cortado) ha paralizado gran parte de la isla, que depende de las importaciones de energía. Como resultado, se suspendieron vuelos, se cerraron hoteles y el turismo, una de las principales fuentes de ingresos, se vio gravemente afectado.
En la puerta de la sede del departamento, Belkis Canto Fernández, una cubana habanera que vive en España desde hace 30 años, afirmó que protestaba porque “ya basta con que el país siga ayudando a la dictadura” mientras la vida de la gente empeora: “Los niños se mueren de hambre, los ancianos no tienen medicinas, las enfermedades se dan porque no recogen la basura, no hay agua, no hay electricidad, no hay comida”. La mujer de 48 años aseveró que en Cuba “si te atreves a hablar, vas a la cárcel… Estamos hablando de ocho o diez años de prisión” y que aunque el régimen diga que es democracia, no es democracia. Dijo que querían “el derrocamiento definitivo de la dictadura” y apoyaba cualquier esfuerzo internacional porque “deben pagar por tantos crímenes”. Respecto al apagón, denunció que “te dan dos horas de luz, y luego venden el petróleo a sus arcas”. Dijo que casi no tenía familia en Cuba, pero que sus amigos tenían “mucha hambre y mucha necesidad” y, sin medicamentos, “tienen que buscar plantas para bajar la presión”. Insistió en que el régimen los trataba como “basura” y creía que el sufrimiento del pueblo “ya era suficiente”.
Magdiel Jorge Castro, de 31 años, también cubano que emigró a España en octubre de 2023 tras su paso por Bolivia, dijo que le parece “increíble y vergonzoso que España, un país democrático, además de ser miembro de la Unión Europea, haya aceptado al primer ministro de una dictadura de 67 años”. Afirmó que “basta de juegos de palabras”, que Cuba es “una dictadura monopartidista con más de 1.000 presos políticos” y que no entendía que España “le tendiera la alfombra roja a Bruno Rodríguez” mientras “miles de cubanos buscan asilo político o exilio ante esta dictadura”. Sobre la situación de la isla, insistió en que lleva años en estado crítico y no se ha puesto en marcha por medidas externas: “El sistema eléctrico nacional colapsó seis veces el año pasado”.
El ministro Rodríguez no visita España desde abril de 2017. Este es el tercer encuentro entre los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países: el primer encuentro fue durante la Cumbre Iberoamericana en República Dominicana en 2021, y el segundo fue durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York en septiembre de 2025.
La visita se produce después de que Nicolás Maduro fuera detenido por militares en Venezuela a principios de enero. Tras ese incidente, Trump advirtió que “Cuba está a punto de colapsar” y Washington incrementó la presión, bloqueando la llegada de combustible a la isla y amenazando con aranceles a terceros.
Cuba está al borde del colapso. La escasez de combustible, los cortes de energía, la disminución del turismo y el deterioro del funcionamiento de los centros educativos y hospitales han sumido al país en una grave crisis. La isla produce sólo una fracción de la energía que necesita y depende de las importaciones, que actualmente se ven afectadas. Algunos expertos incluso advierten sobre la posibilidad de apagones totales.
El viernes, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, expresó su preocupación por el empeoramiento de la crisis socioeconómica en Cuba y su impacto en los derechos fundamentales. Señaló que la situación afectó el funcionamiento de las unidades de cuidados intensivos, así como la producción, distribución y almacenamiento de vacunas, sangre y medicamentos termosensibles. Türk volvió a pedir a todos los países que revisen y levanten las medidas unilaterales que afectan a las poblaciones de forma amplia e indiscriminada. “Los objetivos políticos no pueden justificar violaciones de derechos humanos”, afirmó.
La portavoz Marta Hurtado advirtió en Ginebra que la escasez de combustible “pone en riesgo los servicios esenciales en todo el país”. “Se han visto afectadas las unidades de cuidados intensivos y los servicios de emergencia, así como la producción y conservación de vacunas, hemoderivados y medicamentos que requieren refrigeración constante”, explicó.
La falta de combustible ha paralizado los vuelos y cerrado hoteles, lo que ha afectado aún más a una industria turística ya débil, una de las principales fuentes de ingresos del país.
El apagón también ha obstaculizado el suministro de agua de Cuba, ya que más del 80% del equipo de bombeo de agua del país depende de la electricidad, según las Naciones Unidas. La falta de acceso al agua afecta el saneamiento y la higiene adecuados. Además, 6 de 16 unidades de producción termoeléctrica estaban fuera de servicio por mal funcionamiento o mantenimiento, y el 54% del territorio del país se encontraba sin energía eléctrica simultáneamente el domingo.
El gobierno cubano rechazó las medidas de Trump, asegurando que Estados Unidos “busca ejercer presión adicional sobre las operaciones de asfixia económica mediante chantajes, amenazas y coerción directa contra terceros países”. Antes de la pandemia de COVID-19, la isla ya atravesaba una severa crisis económica, cuyos efectos aún no han sido superados. Sin embargo, la situación empeoró después de que Estados Unidos interviniera militarmente en Venezuela, capturara a Nicolás Maduro y amenazara con sanciones contra los proveedores de petróleo de Cuba.
Además, el régimen cubano liderado por Miguel Díaz-Canel desde 2019 parece haber agotado a sus aliados en América Latina, y varios gobiernos de izquierda en América Latina han sido reemplazados por líderes conservadores, con la excepción de Brasil, Colombia y México. Hasta ahora, sólo la presidenta mexicana, Claudia Scheinbaum, ha enviado dos barcos con ayuda humanitaria, aunque ha cedido a la presión de Washington y no ha enviado nuevo crudo.