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Después de las aplastantes derrotas en Extremadura y Aragón, Castilla y León se prepara para las urnas. Cada región tiene sus particularidades, pero el Partido Socialista de los Trabajadores de la región siguió exigiendo “autocrítica” al partido el 9 de febrero. aislamiento Cualquier “extrapolación” Las dos primeras derrotas pesaron en sus predicciones sobre el resultado. Fuentes socialistas consultadas no ocultan la inercia de las encuestas “No se ve bien”pero aseguran que como alcalde de Soria el poder del candidato es de mayoría sensata, cercana y absoluta. Carlos Martínez tiene su propio perfil, aunque no es un “outsider”. Su candidatura fue respaldada por Ferraz para suceder a Luis Tudanca, quien en sus últimos días resistió lo que vio como intentos desestabilizadores de la administración para finalmente forzar su salida.

Dentro del partido, argumentaron a su favor que la conexión con Pedro Sánchez no era tan obvia como la de Pilar Alegría, un ejemplo dentro del PSOE, y también entendieron que los vínculos estrechos con el gobierno en última instancia tendrían un impacto en las urnas. Sostienen que parte del voto de impeachment tiene como objetivo castigar al ejecutivo o a los candidatos centristas. El líder socialista de Castilla y León acaba siguiendo su propio camino DinamitaMoncloa sobre la estrategia de Vox. El argumento del miedo a la irrupción de Santiago Abascal se basa en un riesgo cierto de que lleguen al poder o, si no quieren entrar en el Gobierno, acaben limitando la actuación administrativa del Partido Popular, cuya dependencia de ellos aumenta.

Para avivar este miedo, es necesario eliminar la amenaza. Martínez rechaza esta posibilidad, al menos desde una perspectiva retórica. El candidato socialista ha ofrecido a su rival Alfonso Fernández Manueco un acuerdo preelectoral en el que ambos partidos se comprometen a Domina la lista con más votos. A medida que surgen nuevos partidos, esto nos retrotrae automáticamente a otra era, que en el pasado se consideraba una ocurrencia tardía una vez que se contaban los votos. Nunca se establece un compromiso previo, menos aún cuando las encuestas son desfavorables. Dicho esto, el líder del Partido Socialista Obrero de Castilla y León está dispuesto a desplegar un cordón a Vox y abstenerse de votar para que el Partido Popular pueda gobernar sin pagar su peaje derechista.

Su enfoque es consistente con este argumento -que expone el riesgo de que el pueblo de Abaska limite su capacidad de gobernar- pero contrario al argumento presentado por Moncloa, que busca utilizar al ultraderechista Partido Popular como palanca para movilizar a los votantes progresistas. Este fue el patrón que siguieron en Extremadura y Aragón, que rechazaron cualquier exención que sirviera de salvavidas para liberar a María Guardiola o a Jorge Azcón del yugo de Vox. Es más, el pasado martes hubo un intercambio de información muy elocuente entre la presidenta en funciones de Extremadura y el representante del Gobierno de la región (ahora también a cargo de la gestora del Partido Socialista de los Trabajadores) sobre la posibilidad de que los socialistas se la facilitaran.

Guardiola desveló que pidió al Partido Socialista Obrero Español que se abstuviera por responsabilidad, a lo que José Luis Quintana respondió calificándoles de “una alternativa, no una muleta para el Partido Popular”. “El bloqueo lo debe solucionar quien lo creó: ella”oración. Una vez más, esta expectativa fue rechazada por la dirección de la Federación, que consideró un signo de “paganismo” permitir que la población gobernara en Aragón para no tener que depender de Vox.

La línea de la lista más votada no es una medida desinteresada, ni tampoco un voluntarismo comprometido con el aislamiento del pueblo Abaskar. Entre los PSOE de Castilla y León, esperan ser la primera fuerza si la fuerza de Vox finalmente supera electoralmente al Partido Popular, permitiéndole superarlos. En esta zona los abascalenses tienen Los votos superaron el 17% (13 escaños)niveles de apoyo alcanzados actualmente en otras regiones como Extremadura o Aragón, por lo que un apoyo por encima de su actual número de representantes debilitaría al Partido Popular, que en 2022 sólo contará con un punto y medio más que el PSOE. Después de un verano en el que la gestión de los incendios puso de relieve las divisiones en el Gobierno de Manueco, las expectativas de victoria eran reales, pero esa realidad ahora se ha diluido y así lo reflejan las encuestas de opinión.

Los socialistas mantienen la esperanza de poder poner fin a cuatro décadas de hegemonía popular y repetir la hazaña de Louis Tudankar, quien surgió como la fuerza más popular en 2019. El problema que enfrenta el Partido Socialista de España es que no tiene aliados en la izquierda con quienes unir fuerzas, por lo que quien gane las elecciones será su única opción para ganar el poder. Esta iniciativa está relacionada con Ferraz, que siempre ha defendido el sistema parlamentario Quien pueda atraer suficiente apoyo puede gobernar. Eso es exactamente lo que hizo Sánchez, cuando no ganó las últimas elecciones pero logró mantener a Ramón Cloa en el cargo debido a una mayoría de partidos con intereses encontrados.

Sin embargo, la dirección federal no condenó a su barón en Castilla y León, pese a su inconsistencia con las estrategias desarrolladas en Aragón o Extremadura. Algunos argumentan que tiene cierta autonomía, justificación basada en la creencia de que la propuesta no llegará a ninguna parte porque el propio Manueco no mostró voluntad de aceptar el acuerdo antes de las elecciones. Es más una cuestión de historia. Destacando las debilidades del PPNi siquiera hay confianza en que podamos convertirnos en la primera fuerza el 15 de marzo.

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