La lana fue un activo estratégico durante siglos hasta que las fibras sintéticas la sustituyeron y lo que antes sustentaba toda la economía se convirtió en un problema. Debido a que ha perdido su valor económico, se clasifica legalmente como residuo. Los ganaderos no sólo dejaron de cobrar; … Empezó a pagar para deshacerse de ella. Hoy, Maestas apuesta por todo lo contrario. Como toda historia importante, la suya comienza con un paseo, en este caso el paso lento de una oveja. Porque la actividad nómada aún existe, aunque a veces pasa desapercibida salvo en momentos noticiosos en los que el ganado conquista ciudades. La Cañada Real Soriana, un río de polvo y pasto que se origina en la Sierra Soriana y eventualmente desemboca hacia el sur, pasa por el portón de una casa en Hinojosa del Duque, localidad de Córdoba. Allí creció Francisco José Ayuso, hijo de ganadero, rodeado de ovejas y de las estaciones. Para él, el camino no es una línea en un mapa, sino todo un patrimonio. El soriano David Ortega Gallardo parece un hombre que observa y registra la etnografía cultural y ganadera, expresando memorias vivas de un mundo que no sería narrado. El destino quería que caminaran por la tierra.
Viviendo con los pastores
Después de convivir durante muchos años con los últimos pastores nómadas de Soria y de toda España, decidieron formar Mestas para transformar la lana merino nómada en mantas de gran calidad y bonito diseño. Todo es “Made in Spain” y elaborado en zonas rurales, con total transparencia y trazabilidad. Este proyecto no nació de una estrategia comercial, ni respondiendo a promesas de marketing o de escalabilidad, sino con la idea clara de acompañar a los ganaderos, dignificar la lana nómada y transformar los residuos en productos honestos y estrechamente vinculados al territorio. Francisco José explica: “Estábamos en un dilema y nos quedó claro que la lana no perdía su valor, sólo lo hacían quienes la defendían”.
En Soria viven tres hermanos: Basilio, José María y Ricardo Pérez. Tienen 71, 73 y 75 años respectivamente y son la quinta generación de una familia nómada. Hoy es la última de las provincias más nómadas de España desde hace siglos. Rebaños de ovejas merinas blancas deambulan por los pastos del sur en invierno y por los pasos de montaña en verano. Una dieta variada y un estilo de vida móvil se reflejan directamente en la calidad de su lana. La lana merina negra fue suministrada por Álvaro Álvarez Redondo, presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Merino. La lana Merino negra es la raza más cruda, auténtica y original, y su color oscuro parece ser una elección natural para climas más fríos y con menos luz solar.
En Mestas trabajan directamente con el ganado. Esquilan las ovejas, acompañan a las ovejas mientras pastan, comparten los establos de parición… No compran lana como mercancía, sino que participan en todo el importante proceso que lo hace posible. En total, alrededor de 11.000 kilogramos de mercancías viajan cada año por una carretera casi extinta y todo se realiza exactamente como hace décadas. Hoy en día sólo quedan tres lavanderías con grandes depósitos, donde la lana tarda mucho tiempo y depende absolutamente de las condiciones meteorológicas.
Las mantas Mestas naturales, sostenibles y sin teñir tejen la historia desde la oveja hasta el telar
Delicada, gorda y exigente
Además, la lana merino tiene una gran demanda. Es agradable, rico en lanolina y tiene mucho contenido graso. Las pérdidas fueron enormes: de cada kilogramo al principio, después de la limpieza y el cardado sólo quedaba una cuarta parte. Luego vino el tejido, realizado en talleres de pueblos de menos de mil habitantes, como el de Laurentino de Cabo Cordero en el Val de San Lorenzo, un pequeño pueblo leonés. Pueden pasar días o incluso semanas desde que se instala la urdimbre en el telar hasta que se cuelga. Hay que tejer, lavar, a fondo, tender, secar al sol y al aire. En condiciones óptimas, se producen aproximadamente cuarenta mantas cada diez días. ya no.
Cuando lanzaron su primera manta (ya estaban pensando en lanzar otras prendas), el “stock” se agotó en apenas tres días, la demanda superó con creces la capacidad de producción y ahora se fabrican bajo demanda. La lana tiene propiedades reguladoras de la temperatura, retardantes de llama, transpirables y biodegradables, pero su verdadero valor va más allá de los textiles, ya que los nómadas cumplen funciones ecológicas críticas. Mantiene despejados los caminos para el ganado, crea suelo fértil, transporta semillas (algunas semillas sólo germinan después de pasar por el sistema digestivo de los rumiantes), secuestra carbono y reduce los riesgos de incendios mediante la tala de bosques.
El siguiente paso de estos empresarios rurales y promotores de la Asociación Nómadas y Biodiversidad ya está en marcha: criar sus propios rebaños de ovejas merinas blancas, con el apoyo de expertos, centrándose exclusivamente en la selección genética de la lana. No desarrollarse sin límites, sino asegurar continuidad, calidad y coherencia, primando siempre la tradición y el territorio.