El obituario del periódico del 6 de enero tenía un titular elocuente que no necesitaba presentación: “Muere el capataz Ariza”. Porque dondequiera que fuera, este trabajo de liderar la carga lo definía. Este es Rafael Ariza. … Aguirre, líder del Capataz de Sevilla y fundador de la dinastía Hammers que existe desde hace cinco generaciones. El obituario destacó que por primera vez en la historia, tres generaciones de una misma familia actuaron el mismo día de Semana Santa: “Ariza padre -como lo conocían los medios ‘capillitas’-, su hijo José y su nieto Rafael”..
La esquela de ABC concluía: “Con Rafael Ariza Aguirre -estibador del Puerto de Sevilla en sus mejores años- Trianero- la ciudad ha perdido a un arquitecto sin parangón en el arte de dar ‘pasos'”. Luego ofreció sus condolencias a su familia y pidió a los lectores que oraran por “el alma de tan excelente capataz y tan celoso hermano”.
Todos lo conocen como el “Viejo Ariza”, no un apodo despectivo, sino un artista reconocido que transmite su experiencia y sabiduría en las artes escénicas a la próxima generación. Toda Sevilla lo llamó por su nombre Ariza el Viejo, su homólogo de Herrera el Viejo, en lugar de su hijo del mismo apellido, rebautizado como “Hermoso”, o el equivalente flamenco de Bruegel.
Rafael Ariza Aguirre nació el 12 de septiembre de 1882, en la calle Antillano Campos de Triana, donde hoy un azulejo conmemora su nacimiento.El cuarto de cinco hermanos, hijo de un alfarero de los suburbios. Antes de capataz fue costalero, y antes fue nazareno en el Cristo de las Tres Caídas de Triana, entonces en San Jacinto.
Es el único de la familia que usa saco.
Fue el único de su dinastía que se puso los sacos y los cinturones como vicecapitán, pero rápidamente se convirtió en asistente, brindando dos décadas de apoyo a Rafael Franco Luque, el hombre que Ariza aclamó como el mejor capataz de todos los tiempos. Debutó con los Panaderos, y en la década de 1920 integró su propio equipo, tomando como aprendiz a su hijo José Ariza Mancera, derrotando a los Cigarreras.
Victoria de Cigarreras en la Plaza Nueva en los años 1930. Antes del paso se puede reconocer al anciano Florentino Ariza, fundador del linaje Foreman. Su nombre es Rafael Ariza Aguirre.
La ficha de defunción indicó que el viudo de Sabina Mancera Pastrana vivía en la calle Álvaro Pérez número 2 del barrio San Gonzalo, donde se realizó el funeral del “cadáver vivo” a las 15 horas. en Epifanía. Luego el ataúd fue trasladado al cementerio.
Las reseñas periodísticas del momento de su muerte trazaron una biografía llena de matices: “Rafael Ariza representó entre los capataces de Sevilla la más pura tradición, el clasicismo del arte y la habilidad de salir a la calle. Perteneciente a la época en la que “El Gaseosero”, Angelillo el Viejo, Antonio el Francés o Fatiga el Viejo respetaban las levantás, “Sabe conectar con los dones brillantes de nuestra fraternidad y fomentar la continuidad de este arte sevillano”.
Continuó destacando así sus múltiples méritos: “Rafael Ariza fue condecorado con la Medalla de Bronce de la Ciudad (1964) como máximo y destacado representante de la tradición encarnada por Capataz y Costilla. Hermano de Honor de la Fraternidad del Santísimo Cristo de las Misericordias -para la cual sirvió personalmente durante un año- y Madre de Dios del Rosario Fraternidad de Capataz y Costilla, La Amargura, San Esteban, La Hermano Honorario de la Exaltación, la Esperanza de Triana o La O, que conserva en la historia de su estación confesional el recuerdo de un despacho inigualable donde el Ariza padre era el líder de sus hombres y los veteranos entre los “trabajadores”.
Seis años liderando la tendencia
Lo curioso es que hace sesenta años, la jerga de la clase baja aún no había recibido letras normativas, y se utilizaban comillas para referirse al trabajo de levantar “escalones”, así como para expresar las escenas entusiastas de recibir culto externo durante la Semana Santa.
Ese mismo año, durante la Cuaresma de 1966, el jovencísimo Antonio Burgos publicó en ABC un folletín titulado “El Habla Cofradiera”, en el que empezaba a revelarse la jerga de los martillos y los trabajadores. Por ejemplo, la expresión “arriando por Evenes” adquiere un carácter habitual en boca del viejo Ariza, “lo que nos remonta al testimonio de los marineros en el discurso de Costaleros” Relacione esto con bajar el mástil de mesana (el mástil de mesana situado más a popa en una barca).
Su recuerdo de ese año aún es claro. El alcalde José Hernández Díaz dejó constancia de “el sentir de la empresa ante el fallecimiento del capataz” en el acta de la reunión del comité permanente municipal del 11 de enero. El Martes Santo, antes de la salida de Santa Cruz, llegó a la Cofradía un “hermoso ramo de claveles rojos”, con una tarjeta en la que inscribía una leyenda: “Dedicada a Cristo Santísimo, Misericordioso, de Su Vigilancia desde el Cielo”. A la una y media de la tarde se celebró una misa de salida para liberar su alma.
Finalmente, remitámonos a un texto firmado por Juan Agüero Naranjo al inicio de la Cuaresma de marzo de 1966, en el que señalaba la muerte ese año de Ariza y de Antonio Cebrero, el capataz del Señor de los Poderes (el segundo presidente del Gobierno de Manuel Bejarano). El autor fantasea en el último párrafo: “¿Qué harán en el cielo los capataces de la Semana Santa de Sevilla? Ya que no hay ‘madrugada’ con el Cristo moribundo el Viernes Santo, pero en todo momento hay un ambiente de Tabor, como siempre ocurre en Semana Santa… Por supuesto prepararán sus grupos con ángeles costeros, y por los grandes caminos del cielo les enseñarán -¡enseñan en el cielo!- a llevar a Dios y a su divina Madre al “estilo Sevilla”. En términos espirituales, Sevilla es maestra.