invierno en vidrio
En Castilla-La Mancha, el vino de invierno es algo más que beber la temperatura. El sumiller Maikel Rodríguez Cortina destacó que las etiquetas aportan calidez en cuanto a estructura, textura y persistencia en boca. Muchas de estas variedades de vino evolucionaron en climas continentales con inviernos fríos y veranos extremos, lo que aporta intensidad y adaptación al frío a las características sensoriales del vino.
La selección abarca diferentes regiones de la comunidad autónoma, desde Toledo hasta Ciudad Real o Cuenca, y pasa por aquellas bodegas que priorizan proyectos individuales de guarda y crianza de larga duración.
1. Bodega Toledo
La gama premium de Arrayán procede de la provincia de Toledo y se basa en una viticultura centrada en el terroir y la crianza. Cepas como Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot se fermentan inicialmente en suelo arcilloso, un proceso tradicional que favorece la textura y la calidez en boca, y luego pasan por barricas de roble francés. El resultado es un vino cálido y con mucho cuerpo, perfecto para disfrutar lentamente junto al fuego.
2. Saldos de Monastrell en Albacete
En Albacete, el proyecto Vides Caliza sorprendió gratamente con su Monastrell Entresijos, un vino potente pero sorprendentemente equilibrado. Con altos niveles de alcohol y una síntesis de madera amigable pero no dominante, este Monastrell rompe el estereotipo de las variedades de clima cálido y muestra cómo la estructura puede abrazar el invierno.
3. Garnacha y Cariñena en Ciudad Real
Ciudad Real produce un interesante vino de Bodegas Vallegarcía, un coupage de garnacha y cariñena que da como resultado un vino tinto afrutado y alargado. Este equilibrio lo convierte en una opción para platos contundentes típicos del invierno.
4. Petit Verdot y el papel de Cuenca
El vino de Cuenca es uno de los vinos de crianza más expresivos de la selección. Bodegas Coronado elabora Petit Verdot Reserva, que tiene una crianza de varios años en barrica y una larga estancia en botella. El paladar resultante es sensual y cálido, con taninos que se han ido redondeando con la edad.
5. Tempranillo de la Alcarría, Guadalajara
La bodega La Era en Mondjar (Guadalajara) presenta un Tempranillo de características más clásicas, envejecido en barricas de madera y que posee propiedades balsámicas, lo que lo convierte en un acompañante ideal de guisos y guisos invernales.
6. Vino de la Memoria de Santiago Villarubia
En Santiago Villarubia, Bodegas García de Lara elabora vinos a partir de cepas prefiloxéricas de Tinta de Toledo y otras variedades ancestrales, con fruta madura y aromas complejos, perfectos para largas sobremesas o quesos encurtidos.
7. Una larga crianza familiar
Por último, están los vinos de la familia Bodegas Jesús Recuero en Villanueva de Alcardete. Este vino tinto ha sufrido casi una década de evolución en botella, mezclando variedades tradicionales como Garnacha, Bruguidra y Moravia para aportar un sabor profundo y reconfortante para las noches más frías.
Cómo y qué servicios se brindan.
- Servir entre 16 y 18 °C para realzar el aroma añejo.
- Un vaso grande puede liberar la complejidad del aroma.
- Marida bien con guisos, carnes a la brasa, quesos marinados y platos de cuchara.
factores geográficos
El vasto territorio de Castilla-La Mancha, hogar de los mayores viñedos de Europa, favorece la presencia de variedades diversas y un programa vitivinícola con personalidad propia. Desde variedades de uva tradicionales como Tempranillo o Garnacha hasta variedades cultivadas con paciencia como Petit Verdot o Cabernet Sauvignon, la región demuestra que también sabe hablar del invierno en la copa.
Este recorrido por siete vinos no sólo invita a beber mejor frío, sino que también permite comprender cómo la región, la variedad y el tiempo se traducen en experiencias sensoriales únicas a medida que bajan las temperaturas y aumenta la concentración del vino.