Un año más, hubo manos temblorosas y abrazos en la madrileña plaza de Soledad Torres Acosta, donde una placa recuerda a Arturo Ruiz. Fue allí donde hace 49 años, la guerrilla de Cristo Rey asesinó a este joven granadino, que falleció a los 19 años. En 1977 se manifestó en las convulsas calles exigiendo amnistía para los presos políticos. El tirador, José Ignacio Fernández Guaza, huyó de España con la connivencia de las fuerzas de seguridad del Estado y de las fuerzas donde trabajaba. Vivió en Argentina bajo una identidad falsa durante casi medio siglo.
Grupos de memoria denunciaron que a pesar de la promulgación de la Ley de Memoria Democrática, ni este gobierno ni ningún otro gobierno ha hecho posibles los juicios pendientes y entregado verdad, justicia y reparaciones. A la movilización de esta mañana ha asistido Zoraida Hijosa, directora general de la Organización Memoria Democrática, así como representantes de Más Madrid y Podemos.
Escapar con la connivencia del Estado
Apenas unos minutos después de las 12:00 horas, cerca de un centenar de personas se concentraron bajo una placa que recuerda a Arturo durante el mandato de Manuela Carmena como alcaldesa de la capital. Miguel Ángel Ruiz, hermano de Arturo, recuerda el día 23 como el inicio de la Semana Negra de enero, que ha pasado a la historia. Al asesinato del estudiante y albañil Arturo le siguió el asesinato de la estudiante Mari Luz Nájera después de que la policía disparara granadas de humo un día después para disolver una manifestación, precisamente en un intento de hacer justicia a Arturo. La misma noche del 24 de enero se produjo una masacre en el despacho de Abogados de Atocha.
“Los asesinos de mi hermano tenían el consentimiento del Gobierno. Martín Villa (entonces ministro del Interior) había advertido que las manifestaciones serían duramente reprimidas, y así lo hicieron”, añadió el logroñés Miguel Ángel, que asistió a otro acto en Logroño en conmemoración de los asesinados durante la transición.
Para los asistentes a la manifestación de esta mañana quedó muy claro que Guaza no está solo. El arma era propiedad de Jorge Cesarsky, quien tenía vínculos con el Servicio General de Seguridad y el grupo fascista Fuerzas Nuevas. El proceso judicial en su contra resultó en su condena por cargos de terrorismo y posesión ilegal de armas. Se suponía que pasaría seis años en prisión, pero sólo cumplió uno. Fue liberado gracias a la ley de amnistía que exigió en las calles Arturo Ruiz.
Sin embargo, Guaza escapó con ayuda de la Guardia Nacional. La relación entre los pistoleros y el aparato estatal se hizo aún más evidente cuando la hermana de Guaza declaró ante un juez que “cumplieron funciones que la policía no podía realizar”. Además, su socio afirmó ante un magistrado en 1977 que Guaza trabajaba para las fuerzas de seguridad del Estado y el ejército. Según un informe, en 2023, Guaza admitió sin arrepentimiento que fue él quien acabó con la vida de Arturo Ruiz. nación.
El juicio de Argentina, la última esperanza
Miguel Ángel recuerda a su hermano como uno de los muchos jóvenes que salieron a la calle a manifestarse por la democracia en España. “Conoció a este asesino y lo mató”, dijo. El abogado jubilado, de 72 años, denunció la decisión del actual ministro del Interior, Fernando Grande Marasca, de archivar finalmente el caso. “Esto no se lo comunicaron a ningún familiar ni a ninguna parte involucrada en el proceso”, criticó el hermano de Arturo.
Sus recursos ante el Tribunal Constitucional de España o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo no surtieron efecto. Están conociendo el caso sólo en Argentina, donde el juez Cervini está investigando posibles crímenes de lesa humanidad cometidos por España durante su período de transición. Pero Miguel Ángel no se confía demasiado: “La cosa no avanza porque la Fiscalía de la Audiencia Nacional se niega a entregar toda la información que tiene. Aquí el Gobierno puede cambiar, o en la Fiscalía General el encubrimiento seguirá vigente como acto estructural del Estado”.
Decepcionado con el gobierno progresista
Javier Almazán, presidente del Colectivo Transicional del Olvido (COT), que también participó en el acto conmemorativo, afirmó en una entrevista con “elDiario.es” que “la justicia no quiere esclarecer estos casos porque revelaría la existencia de un Estado criminal que protege a grupos de extrema derecha”. Según su opinión, el gobierno no solicitó la extradición de Guaza, quien nunca ha sido juzgado, porque eso habría revelado que trabajó para fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.
Javier es hermano de Ángel Almazán, quien fue asesinado a golpes por varios policías en diciembre de 1976 cuando tenía menos de 18 años. Se manifestaba en apoyo de un referéndum de reforma política. Como resultado, hasta el momento se han revelado cerca de 300 muertes ese año a manos de la policía, la Guardia Nacional o grupos de extrema derecha. No pasa nada nuevo con este gobierno progresista. “Esto nos decepciona porque sólo quieren legislar este problema sin siquiera cumplir los requisitos mínimos para acabar con él”, lamentó el presidente del COT.
La impunidad es una característica del período de transición
Él mismo leyó un comunicado al final de su homenaje a Arturo Ruiz, que hace unos años también tradujo en la memoria y el abrazo de Manuel Ruiz. Manuel Ruiz, hermano fallecido en 2023, pasó sus últimos años con una perspectiva especial dedicada a la lucha por la verdad y la memoria. Havel eligió la poesía. “Otros, los que portaban armas y porras, fueron perdonados, perdonados y tolerados. Para Arturo, fue el despreciable olvido del mafioso. / Su asesino escapó con la ayuda de otros verdugos uniformados. / Fíjese bien, no hay diferencia entre ellos”.
Luego de que el sindicato de estudiantes rindiera homenaje a Arturo, el activista memorial Luis Suárez Carreño también habló hoy: “Si hay un factor que define la transición de este país de una dictadura a una democracia protegida es la impunidad de los crímenes de Estado”, comenzó. Añadió además que conmemorar a Arturo Ruiz “es un deber de justicia y de memoria y una necesidad democrática para dar ejemplo a jóvenes como él, que hoy son muy vulnerables social e ideológicamente”. “La memoria es un arma contra el fascismo”, concluyó.
Blanca Ruiz, hermana de Arturo, agradeció la solidaridad de los presentes y recordó en su memoria a Arturo y Manuel. Otra protagonista de la jornada fue Olga Gutiérrez, viuda de Manuel, quien a su manera habitual construyó comunidad en momentos tan difíciles y emotivos, recibiendo abrazos interminables y un cariño inmenso de todos los que la rodeaban. Recibió un retrato de Arturo hecho por un compañero de manifestación.
Las voces de los integrantes de la orquesta se escuchaban por encima del ruido de las obras que rodeaban el enclave y del ruido de los helicópteros que sobrevolaban la zona. Alrededor de las 13:00 horas, con el calor de tan trascendental acontecimiento sucediendo en mi cuerpo, la llamada finalizó con el canto de “Canción de la Libertad”. Ha pasado un año más y estos guerreros de la memoria vuelven a sacar sus armas: la palabra, la solidaridad y la lucha por la justicia. Siguieron manos temblorosas y ojos amorosos. Ése es el precio a pagar, porque la llama de la memoria nunca se apaga.