Digamos que estamos en el año 2040. Hemos empezado a construir IJstad, pero debido a la creciente sequía, el nivel del agua del Markermeer tiene que subir. Es necesario elevar considerablemente los diques y el nivel del suelo, lo que requiere arena y dinero. Si tan solo hubiéramos hecho flotar esta ciudad en lugar de recurrir al conocido despoldering. Los operadores de red han gastado más de 200 mil millones de euros, como predijo PwC en 2024, pero una gran parte de todos los cables y tuberías no están en el lugar correcto. Puede que el gas natural haya desaparecido, pero la lógica espacial subyacente no. Y aunque hemos logrado crear zonas de amortiguamiento alrededor de las reservas naturales y así aflojar el bloqueo del nitrógeno, la agricultura sigue sirviendo principalmente a intereses económicos y no al paisaje.
Lo anterior es un ejercicio de reflexión, pero no de la nada. La organización espacial de los Países Bajos será revisada fundamentalmente en las próximas décadas. Por ejemplo, se deben crear áreas para la defensa y espacios habitables, y aún más doloroso es el abandono de reclamos de tierras, como parte del área agrícola tradicional. Con esta “reconstrucción” pretendemos dejar el país lo mejor posible a nuestros nietos.
Intervenciones irreversibles
Esta responsabilidad para el futuro es particularmente importante en la planificación espacial, ya que las intervenciones espaciales son en gran medida irreversibles. No se puede simplemente convertir un pólder en una zona residencial. La eliminación de Afsluitdijk o de la esclusa marítima de IJmuiden significaría miles de millones de euros en reurbanización del paisaje. Esta irreversibilidad no significa que debamos dejar siempre el espacio como está ahora, sino que debemos ver nuestras decisiones en el presente a la luz del futuro. Por ejemplo, mirando hacia el futuro cien años a la hora de elegir el lugar para la construcción de viviendas.
Esta perspectiva a largo plazo apenas se aborda en el debate político. A menudo nos viene a la mente el presente. El informe provisional del grupo, que Rob Jetten y Henri Bontenbal publicaron a principios de diciembre, también se centró principalmente en la rápida realización de la vivienda, y mucho menos en el futuro espacial de los Países Bajos. Es comprensible: el presente es mucho más tangible que el largo plazo, vivimos la crisis inmobiliaria en el presente y las consecuencias de construir en lugares inadecuados sólo se experimentarán dentro de unas pocas décadas.
¿Cómo podría ser de otra manera? Tres principios pueden ayudarle a asumir la responsabilidad del futuro.
Primero, trate de evitar pérdidas irreversibles. Las intervenciones en el espacio no pueden evitar algunas pérdidas para las generaciones futuras. La pregunta es si hay una pérdida.
En situaciones de gran incertidumbre es recomendable tomar decisiones reversibles
El raigrás perenne está omnipresente en nuestras praderas (“césped asfáltico”), las generaciones futuras se llevarán bien con un poco menos de raigrás y un poco más de biodiversidad. O más bien: construir en los suelos arenosos de Veluwe y Utrechtse Heuvelrug, aptos para uso residencial, no es tan malo desde el punto de vista ecológico, ya que en Escandinavia abundan los bosques de pinos y abetos. Pero para alguien que disfruta de un bosque así todos los días, este cambio seguramente lo experimentará como una pérdida irreparable. Debería haber más debate sobre lo que realmente queremos conservar y qué pérdida estamos dispuestos a aceptar.
El segundo principio es que el cambio espacial debe ser lógico en varias áreas. La urbanización alrededor de Eindhoven, por ejemplo, es una buena idea tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista de la tecnología del suelo. Lo mismo se aplica a la urbanización alrededor de Driebergen-Zeist: se desarrolla cerca de centros urbanos, sobre suelo arenoso y cerca de una estación de tren interurbano y de una entrada a la A12.
En este sentido, los operadores de redes y las asociaciones de agua desempeñan un papel importante. Tradicionalmente tienen una actitud reservada y reactiva. Pero además de advertir, en el futuro también tendrán que mostrar más claramente dónde encajan las funciones, con vistas a los sistemas de agua, suelo y energía del futuro.
Gran incertidumbre
La elección perfecta no siempre es posible. En tercer lugar, es aconsejable tomar decisiones reversibles en situaciones en las que la incertidumbre es alta. No sabemos qué consecuencias exactas tendrá el cambio climático, cómo se desarrollará la composición de nuestra población y qué significará la IA para los desplazamientos. La planificación espacial reversible significa que, por ejemplo, utilizamos cada vez más construcciones flotantes o modulares o utilizamos edificios temporalmente.
El pasado mes de septiembre, el Gabinete saliente presentó un proyecto de memorando sobre la futura ordenación del territorio de los Países Bajos. Es bueno que el documento esté disponible, pero este proyecto de memorando espacial sigue siendo un resumen demasiado amplio de los intereses que están actualmente en juego. El próximo gabinete aprobará el proyecto de ley final. Crear espacio para las generaciones futuras debe ser una máxima prioridad.
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