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El mes pasado, durante la ola de frío, el Registro del Ayuntamiento de Lorca, en colaboración con la policía local de la ciudad de Murcia, llevó a cabo dos desalojos en dos edificios céntricos que se habían construido durante muchos años como refugios para personas sin hogar. La concejala de Padrón, Belén Pérez (PP), anunció la noticia en tono triunfal, destacando, entre otras cosas, el aparente desinterés por la situación de los deportados, que no fueron mencionados específicamente en el comunicado del organismo.

De hecho, el concejal ha vinculado la actuación a preocupaciones de “seguridad comunitaria”, y la comisión aún no ha informado si el equipo municipal, formado por PP y Vox, ha activado algún programa de atención social o de emergencia para quienes pasaron la noche en las fábricas.

La redacción intentó sin éxito averiguar si los desalojos fueron coordinados con el Ministerio de Servicios Sociales, dirigido por la diputada de extrema derecha María Castillo Castro, y si el ayuntamiento puso algún recurso de asistencia a disposición de los afectados. “Ahora mismo estamos muy ocupados y no tenemos tiempo para responder a este tema”, explica Vox a elDiario.es Región de Murcia.


Belén Pérez, concejal padrón del ayuntamiento de Lorca, junto a un edificio desalojado. ayuntamiento de loca

Fuentes municipales confirmaron a esta redacción que los servicios sociales “no solicitaron ningún tipo de intervención y no recibieron ninguna derivación en relación con ninguno de los dos desalojos”.

una de las ciudades más pobres de españa

El sinhogarismo no es un fenómeno nuevo en Lorca, y la ciudad tiene una tasa de pobreza sensiblemente superior a las medias autonómica y nacional, una de las más altas del país: según el Programa Local de Infancia y Juventud de Lorca y el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 35,3% de la población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, con un alarmante 40,6% de la población infantil.

En 2022, el concejal de Izquierda Unida, Pedro Sosa, pidió al gobierno de la ciudad (entonces del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y al gobierno de Ciudadanos) que “bloquearan” un puente sobre el río Guadalentino cerca del centro comercial para poner fin al asentamiento de aquellos inmigrantes que habían sobrevivido a condiciones extremadamente precarias. El Partido Popular, también de oposición, calificó posteriormente la situación de problema “puramente humanitario” y exigió una intervención multidisciplinar inmediata.


En 2022, el Grupo Municipal Popular del Ayuntamiento de Lorca pidió una acción transversal para afrontar la situación de las personas que viven bajo el puente

Dos años después, el enfoque ha desaparecido de los debates institucionales. Hoy hablamos sólo de orden, molestias o inseguridad antes de desencadenar una emergencia social. Durante varios días, el termómetro marcó temperaturas que alcanzaban los 5°C y ningún representante en el pleno de la ciudad expresó públicamente su preocupación por los deportados.

Este cambio no es anecdótico ni exclusivo de Lorca, dice la trabajadora social María de los Ángeles Sánchez: “Es una respuesta a un clima político y social cada vez más susceptible a la penetración de marcos de extrema derecha, en los que la pobreza severa ya no es un fracaso colectivo sino que se considera un problema estético”. El profesional con más de dos décadas de experiencia agregó: “Las personas sin hogar se transforman de sujetos de derechos en obstáculos inquietantes que deben ser retirados de los espacios públicos lo más rápido posible”.


Lorca tiene una de las tasas de pobreza más altas de España y los casos de personas sin hogar, como este registrado en 2023, son habituales.

Pero la realidad es tozuda y la publicidad grandilocuente no puede ocultarla. Francisco Martínez, presidente de la ONG Lorca “El Buen Camino”, confirmó que más de un centenar de personas se encuentran sin hogar en la ciudad. “Simplemente desalojarlos del espacio que ocupan no soluciona el problema, sólo lo reemplaza, cambia sus rincones”. Para Martínez, mientras se siga abordando el sinhogarismo como un problema de orden público y no como una emergencia humana, no se solucionará: “Mientras se intente desalojar a la gente, en lugar de su pobreza, el sinhogarismo seguirá existiendo, incluso si hay intentos de sacarlos del paisaje urbano”.

Historias de vida de quienes lograron escapar de las calles.

Para todos los que viven allí, la calle no es el final del camino. En Lorca, muchas personas consiguieron salir del apuro gracias al trabajo silencioso de las asociaciones locales – ahora desafiado por partidos como Vox, que amenazan con violar el acuerdo del gobierno con el Partido Popular si continúa subvencionándose a sí mismo – Que eligen el apoyo a la expulsión. A menudo invisibles, sus voces muestran que la falta de vivienda se puede resolver cuando se les da dignidad, tiempo y los recursos necesarios para abordarla.

Los testimonios de personas que alguna vez durmieron al aire libre y ahora han encontrado refugio, estabilidad y, lo más importante, la capacidad de volver a proyectarse hacia el futuro, desmantelan los estigmas más arraigados y nos recuerdan que la falta de vivienda no define a la persona que la padece, sino a la sociedad que decide (o no) darle una salida.


Fulgencio Madrid estaba a cargo de una casa en El Buen Camino en el momento de la entrevista. Gloria Piero

Una de ellas es El Buen Camino, una organización cristiana sin ánimo de lucro que opera en Lorca desde hace treinta años. Paco, electricista jubilado del ayuntamiento, está regentado por el sacerdote evangélico Francisco Martínez, propietario de dos casas que funcionan como centro de tratamiento y con capacidad para 42 personas. Casi siempre están llenos.

Fulgencio Madrid, conocido entre los usuarios como “Pencho”, regenta una de las clínicas. Llegó aquí hace 24 años después de haber sido encarcelado tres veces y haber enfermado gravemente debido a su adicción a la heroína. Después de superar finalmente las dificultades, decidió quedarse y ayudar a los demás. Allí disfrutó de las visitas de sus siete nietos luego de revivir la relación con sus dos hijos. La religión jugó un papel muy importante en su viaje hacia la recuperación. “Me aferré a Cristo y eso cambió todo”, dijo.

Después de que Manolo se jubilara de su trabajo como albañil, volvió enseguida para echar una mano. Desde que fumó su primer cigarrillo a los 16 años hasta los 37, fue adicto a las drogas como uno de sus hermanos. Cuando supo de Paco, llegó al punto más bajo de su vida y decidió acudir a El Buencamino en busca de apoyo. Ahora dedica su tiempo a disfrutar de la compañía de sus nietos y a compartir sus experiencias con quienes, como él, han decidido “salir victoriosos”. Visitaba con frecuencia los barrios más pobres de la ciudad de Águilas, en busca de niños que les ayudaran a recuperarse de la drogadicción.


Manolo

A Manuel, de 58 años, alias “Alcoy” en honor a su ciudad natal, el juez que lleva el caso de robo le dio a elegir entre prisión o un centro de tratamiento. Hoy dice que su experiencia en Buencamino le salvó la vida. El camionero, casado y con dos hijos, tenía 33 años cuando estuvo expuesto por primera vez a la cocaína en una cena de empresa. Después de robar repetidamente para pagar su adicción a las drogas, su madre finalmente lo demandó. “Lo perdí todo”, dijo. El abogado que le defendió en Alcoy, un cristiano devoto, le puso en contacto con Paco. Hoy ha sido completamente restaurado.

Ángel, natural de Albacete, vendió el oro y los televisores de su madre para pagar su alcoholismo y drogadicción. Incluso compró un seguro a nombre de su madre. Por este y otros delitos pasó once años de prisión. El día de Navidad de 2024, se quedó sin hogar. Dormía en la sala de espera o en la puerta del Hospital de Albacete. Entró al bar para poder beber y comer maní -su única fuente de alimento durante semanas- y se fue sin pagar. Un día conoció en la calle a una mujer que conocía y que trabajaba en la Fundación Familia Albacete. “Necesito ayuda”, le dijo. Conocía a Paco y les puso en contacto. “Recuerdo que era un viernes y me dieron un billete de autobús porque no me creían, me dieron 20 euros para no gastarlos en bebidas”, afirmó.


Los miembros de El Buen Camino preparan la cena teniendo en mente una distribución equitativa de las tareas del hogar. Gloria Piero

Por la tarde llegué a Lorca. Acaba de tener un año “limpio”. El lunes se fue a trabajar y consideró ahorrar para alquilar un departamento donde pudiera alejarse de las calles y las drogas y comenzar una vida que nunca había tenido. Hace unos meses le escribió una carta a su hermana agradeciéndole sinceramente que lo echara de casa porque “esto es con lo que tuve que lidiar para salir del infierno”. La Navidad pasada le había pedido que lo felicitara por mensaje de texto. Su deseo actual es ser perdonado por su madre.

“Puede que no tengan techo propio, pero tienen vida propia”

Ignacio Basterra es el coordinador del Vicariato de Cáritas de Lorca. La organización de la Iglesia católica aporta anualmente 80.000 euros en donaciones municipales y 103.760 euros de fondos propios para la gestión de los albergues temporales municipales.

Cada año, entre 450 y 500 personas visitan el recurso, que cuenta con 12 ubicaciones. Allí encontraron un lugar de descanso temporal más seguro y digno. Pero también es un espacio de acogida y escucha, donde se realizan eventos y talleres de formación y se brinda apoyo administrativo. un recurso esencial que también ayuda a sostener el largo y frágil proceso de escapar de la exclusión. Diez de las plazas son alojamientos de media y larga duración para personas con adicciones o problemas de salud mental que participan en programas de apoyo social.


Voluntarios y usuarios de El Buen Camino en el salón de una de las casas de la asociación, que también sirve como centro de tratamiento. Gloria Piero

Los resultados son notables: alrededor del 30% de las personas que participan en el programa logran salir de la calle, regresar al trabajo y reconectarse con sus familias. “No hay una varita mágica Bastra enfatizóes un triunfo del esfuerzo individual y del apoyo constante de un equipo de catorce personas, entre profesionales y voluntarios sin los cuales “el centro no sería el mismo”. Pero también los donantes, “cuya contribución nos permite dar una respuesta rápida y flexible”.

más gratificante cuenta——Es el proceso de ver a aquellos usuarios que originalmente vinieron solo en busca de refugio recuperar gradualmente la esperanza. El coordinador de Cáritas recuerda que “las personas sin hogar también tienen sueños, esperanzas y metas”. Concluye: “Puede que no tengan techo propio, pero no hay duda de que tienen vida propia”.

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