El secuestro, violación y asesinato de una niña de ocho años en la ciudad boliviana de Santa Cruz ha vuelto a conmocionar a una sociedad que ve el abuso sexual infantil como un problema estructural. La niña, Yuvinka, fue denunciada como desaparecida el 6 de enero y fue encontrada cuatro días después a unos 500 metros de su casa en la ciudad de LaGuardia, a unos 20 kilómetros de Santa Cruz, la ciudad más poblada del país. Según las autoridades, el agresor abusó sexualmente de la menor, luego la golpeó y la estranguló con un cinturón. Un cuñado del menor, de 24 años, ha sido detenido y la fiscalía local lamenta que el silencio de la familia haya frenado el avance del caso, que se investiga por infanticidio.
Hace dos meses, en noviembre, un caso similar conmocionó al país: un niño de 13 años desapareció en la provincia de La Paz y luego fue encontrado muerto con signos de abuso. Bolivia cuenta con una amplia legislación para salvaguardar los derechos de niñas, niños y adolescentes, pero parece haber tenido poco impacto en la práctica. Autoridades y fundaciones coinciden en que la defensa se mantiene a nivel regulatorio, desatendidos los esfuerzos de prevención y concientización sobre lo que significa para los niños en las comunidades y escuelas.
Bolivia (con una población de 11,3 millones, según el último censo de 2024) registró 2.300 denuncias de agresiones sexuales contra niñas en 2025, según Jessica Echeverría, recientemente nombrada viceministra de Igualdad de Oportunidades y exfiscal. El número total de casos de abuso sexual general, violación infantil y estupro alcanzó aproximadamente 11.500 en 2024, pero es probable que el número sea menor porque muchos casos no se denuncian.
Echeverría cree que el verdadero problema es que no se está abordando el problema de forma integral ni desde la prevención, advirtiendo que de los casos registrados el año pasado, el 85% de los agresores fueron familiares. “Todos son víctimas en sus propios hogares”, dijo por teléfono. “Hay silencio y los niños guardan silencio. Tenemos que trabajar con el Departamento de Educación para que, a través de las escuelas y los servicios infantiles, las niñas sepan que si saben algo, pueden hablar”.
La formación en colegios y centros educativos desde preescolar hasta secundaria es un objetivo de fundaciones y ONG. Leonor Oviedo, abogada de la Fundación Una Brisa de Esperanza (FUBE), explica que su objetivo es crear conciencia de “tolerancia cero” contra los abusos: “En Bolivia el tema de la niñez y la adolescencia ha sido tratado como un objeto de derecho e incluso de política. Simplemente lo estamos sacando del campo para compartir con los niños lo que realmente significan estas normas”, dijo a El País.
Además del Código de Familia y Procesos Familiares, el país andino también ha promulgado el Código de Niñas, Niños y Adolescentes. El pasado mes de septiembre, el primer criminal juzgado en virtud de una ley que protege la integridad sexual de niños y niñas en entornos digitales fue condenado a 30 años de prisión. Además, la Constitución establece que el Estado debe “dar prioridad al interés superior de los niños y jóvenes y garantizar protección, cuidado y justicia”.
Una de las últimas leyes en este tema es la Ley 1639, que prohíbe años de excepciones que han permitido a jóvenes de 16 años contraer matrimonio con autorización paterna o aprobación judicial. La principal promotora de la norma es Virginia Velasco, exsenadora y fiscal general.
Novedades regulatorias
Velasco reconoce los avances en materia de regulación, pero lamenta que aún no se haya trabajado en el terreno: “Hay que penetrar en el corazón y la mente de la gente y socializar las leyes que se han adoptado. Es necesario un trabajo coordinado entre el Estado central, los municipios, las comunidades, las organizaciones sociales y la sociedad civil organizada”. El activista y exparlamentario aseguró que la capacitación sobre “qué significa ser niño” es crucial para los profesionales del ramo, especialmente para quienes integran los juzgados públicos de niñez y adolescencia, quienes están obligados a garantizar derechos como la salud, la educación, la participación y la compensación familiar.
Además de las políticas de protección que tienden a ignorar la prevención, los expertos también señalan que las percepciones culturales de la infancia ignoran la especificidad de la niñez como una etapa importante. Este es el caso de los matrimonios precoces, sobre todo en zonas rurales, donde muchas niñas abandonan la escuela durante días para realizar tareas domésticas. También pierden sus derechos cuando se ven obligados a incorporarse demasiado pronto a la vida laboral debido a la situación económica de su familia: la pobreza moderada afecta al 36,5% de la población, según la Oficina de Estadísticas Nacionales.
Oviedo aseguró que estos fondos promocionan a los menores como objetos funcionales y desconocen la etapa de derechos inalienables. “Esto es histórico: el niño es ignorado en muchos ámbitos. Se le considera una molestia en el hogar o en el lugar de trabajo, o un objeto de placer en casos de violencia sexual. A menudo se desconocen sus derechos”, afirmó.
Velasco, basándose en su experiencia en el poder judicial, señaló que “la justicia se demora” cuando se detiene a los perpetradores e incluso denunció “el comportamiento corrupto de algunos jueces y fiscales”. La violación de un menor en Bolivia se castiga con 20 a 25 años de prisión sin derecho a perdón y puede incluir circunstancias agravantes. Ese es el castigo que la fiscalía busca para el sospechoso del asesinato de una niña de ocho años de LaGuardia.