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Todo apunta a un cambio de ciclo político en España: la derecha y la extrema derecha se preparan para tomar el poder y, según las encuestas de opinión, conseguirán hoy con relativa facilidad la mayoría absoluta. Mientras tanto, la izquierda mantiene el gobierno pero está bajo la presión de un escándalo de corrupción y acusaciones de acoso a Moncloya. Esta combinación socava su credibilidad y obstaculiza iniciativas estratégicas que podrían recuperar impulso: a veces por falta de voluntad del PSOE -como en materia de vivienda- y a veces por una aritmética parlamentaria que no puede garantizar una mayoría progresista. Es una tormenta perfecta, que hace las delicias de aquellos de derecha que ya están vendiendo pieles de oso y dividiendo las ganancias.

Sin embargo, nada está necesariamente perdido. Suponer que ya lo es no sólo es inexacto, sino también perjudicial. En las ciencias sociales, a menudo se adopta el concepto de “profecía autocumplida”: una situación en la que todos actuamos como si el resultado fuera inevitable, pero terminamos simplemente produciendo las condiciones que lo hacen realidad. Es decir, la expectativa de que algo suceda eventualmente lleva a que suceda. Si bien esto puede parecer un trabalenguas, es un hecho común en el comportamiento de los agentes financieros y también es común en el nivel político. Si actuamos como si el dominio de la derecha fuera inevitable, estamos contribuyendo a ese resultado.

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