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Firmado por todos los ministros, el gobierno de Gustavo Petro declaró el lunes el estado de emergencia económica en Colombia. La decisión, anunciada el viernes por el secretario de Hacienda, Germán Ávila, y que tardó tres días en concretarse, es un estado de excepción que permite al Ejecutivo tomar medidas que normalmente deben ser aprobadas por el Congreso. Argumentaba sobre los problemas financieros del estado: Según el decreto, “la situación fiscal se ha vuelto extremadamente grave como resultado de varios eventos económicos simultáneos y simultáneos que han tenido un impacto extraordinario en la situación fiscal del estado”. El decreto permite al gobierno tomar medidas específicas durante los próximos 30 días, como la creación de nuevos impuestos, pero la medida fue rechazada por la oposición y empresarios, quienes señalaron que sería inconstitucional implementar un estado de emergencia para la reforma tributaria por decreto, como el legislativo rechazó al Petro hace unas semanas.

En concreto, el decreto identifica ocho causas o motivos del estado de excepción que serán objeto de debate. La primera es la obligación de cumplir con la orden de la Corte Constitucional, que obliga al Ejecutivo a reconocer el incremento en los costos médicos de los fondos que anualmente envía cada afiliado a la Entidad Promotora de la Salud (EPS). Estimó que esto significaría un gasto adicional de 3,3 billones de pesos (casi mil millones de dólares) en 2026.

El segundo es la necesidad de aumentar el gasto en seguridad (“seguridad ciudadana que recientemente ha alterado el orden público”). Entre ellas se incluye la necesidad de asignar 1.000 millones de pesos adicionales a la Unidad Nacional de Protección, encargada de proteger a las personas en riesgo, y otros 2.700 millones de pesos para dotar a la fuerza pública de “infraestructura y tecnología adecuadas”.

El tercero, y quizás el más controvertido, es la negativa del Congreso a aprobar sus reformas tributarias el año pasado y este año. La Legislatura tiene el poder de vetar el proyecto de ley del gobierno, en cuyo caso el decreto no identifica en qué costos adicionales se debe incurrir.

El cuarto es un desastre natural “provocado por la actual ola invernal”, aunque sólo menciona específicamente el “terremoto de Palate Bueno”, en referencia al terremoto que azotó el centro del país en junio pasado, y suma otros 500 millones de pesos a otros costos.

En quinto lugar están pendientes decisiones judiciales, que se estiman en más de 1.500 millones de presos. El sexto ítem es una obligación que debe ser pagada “a pagar pendiente de pago adquirida ante la actual administración y debe ser pagada en su totalidad”. En concreto, proporciona 1.500 millones en subvenciones al consumo de electricidad y gas para los hogares más vulnerables y 160 millones en indemnizaciones a las víctimas del conflicto. El séptimo es la imposibilidad de pedir dinero prestado y “condiciones derivadas de medidas unilaterales del gobierno estadounidense”. Por último, existen restricciones de liquidez o efectivo que enfrenta.

Los argumentos son cruciales para que la emergencia supere el escrutinio necesario por parte del Tribunal Constitucional, que, como todo el poder judicial, está en receso desde el viernes. La constitución estipula que una emergencia sólo ocurrirá cuando haya un “cambio grave e inoportuno” en la economía y el gobierno demuestre que sus funciones normales son insuficientes para hacer frente a la situación. Diferentes observadores han cuestionado estas exigencias, especialmente el carácter sorprendente e inesperado de la crisis.

Sin embargo, los tribunales suelen tomar tiempo para tomar decisiones, mucho más que los días o semanas que tarda el poder ejecutivo en emitir decretos que imponen medidas de protección de emergencia. En el caso de la emergencia fallida en La Guajira, la Corte Constitucional tardó 4 meses y 6 días en emitir su decisión, que retuvo sólo la parte que afectaba el abastecimiento de agua. En el Catatumbo se necesitaron 3 meses y 5 días para mantener la declaratoria sobre dos hechos recién ocurridos (la crisis humanitaria provocada por el ataque del ELN y el desplazamiento que provocó) y dejarla sin efecto sobre otros cinco hechos (la persistencia de grupos ilegales en el Catatumbo, la concentración de cultivos de coca o la destrucción de infraestructura).

Durante la actual emergencia, aunque todavía no hay medidas concretas, el propio presidente ha dicho que quiere aumentar los ingresos fiscales imponiendo más impuestos a los “súper ricos”. De hecho, ha circulado un proyecto de decreto que esencialmente restablecería una de las versiones más duras de su recientemente fallida reforma fiscal. Entre ellas se incluyen aumentar el impuesto sobre los flujos financieros del 0,4% al 0,5% por transacción; ampliar el impuesto a la riqueza de unos 2 mil millones de pesos (unos 500.000 dólares) a un máximo del 5%; y aumentar los impuestos sobre actividades con consecuencias negativas, como beber, fumar o apostar en línea. Peto también propuso lo que parecía ser otra medida: “La emergencia económica significa bajar los salarios de los congresistas”, respondió al senador opositor Ciro Alejandro Ramírez en “X”.

Por ello, hay algunas voces que piden que el Tribunal Constitucional se reúna durante la vacancia judicial, lo que puede abrir la puerta a un debate jurídico aparte para que el Tribunal Constitucional pueda decidir lo antes posible. Se celebre o no, la Navidad y el fin de año probablemente estarán rodeados de nuevos impuestos, nuevos debates económicos y legales y el espectro de un estado de emergencia cuando comience la campaña electoral legislativa en marzo.

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