Después de 18 años, finalmente llegó la justicia para Ernestina Ascencio y su familia. A través de un comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), México aceptó este martes la censura de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH), y la presidenta Claudia Sheinbaum la aprobó el miércoles. El veredicto se dictó en un caso en el que una mujer indígena náhuatl murió a causa de las heridas sufridas tras ser violada por militares, el cual fue “cerrado prematuramente sin agotar las vías de investigación necesarias”. Como las autoridades concluyeron hace años que no había pruebas suficientes, ningún responsable fue llevado ante la justicia. Según el fallo, el Estado era responsable de violar los derechos de Asensio a la vida, la integridad personal y la salud consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos. y no garantizar el acceso a la justicia a sus hijos, vulnerando “los derechos de las garantías judiciales y de la profesión judicial, así como los principios de igualdad y no discriminación”.
Según la resolución leída por el juez Rodrigo Mudrovic, vicepresidente de la Corte Interamericana, México debe “realizar investigaciones penales en un plazo razonable para identificar, procesar y, en su caso, sancionar a los responsables materiales e intelectuales de estos hechos” y establecer un registro nacional de intérpretes para los servicios de salud. También deberá proporcionar “atención médica y psicológica gratuita” a los hijos de Asensio, proporcionarles becas para que puedan estudiar y realizar “acciones públicas de reconocimiento de responsabilidad internacional”.
Sheinbaum también mencionó el caso. El mandatario dijo durante una reunión matutina de este miércoles que “las acciones que debe tomar el gobierno mexicano son muy específicas” y serán implementadas. Recordó que estos hechos ocurrieron durante la presidencia de Felipe Calderón y que en los próximos días la ministra del Interior, Rosa Isela, y el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración del organismo, Arturo Medina, explicarán en este foro las medidas que debe tomar México.
El 25 de febrero de 2007, Ascencio, de 73 años, salió a pastorear ovejas en la Sierra Zongolica de Tetlatzinga, Veracruz (al oriente del país). Su familia se preocupó al no regresar después de unas horas, por lo que salieron a buscarlo. Una de sus hijas, que encontró a su madre gravemente herida a pocos metros del campamento del 63º Batallón de Infantería del Ejército cerca de su comunidad, acusó a varios soldados de atacarla.
A pesar de su estado crítico, Asensio no recibió la ayuda médica de emergencia que necesitaba hasta 10 horas después. Cuando finalmente la llevaron al Hospital Regional Río Blanco, ya era demasiado tarde y no había ningún intérprete que la apoyara. La mujer náhuatl falleció el 26 de febrero. Aunque la primera autopsia realizada por la Fiscalía General del Estado de Veracruz reveló que la víctima presentaba golpes en la cabeza, fractura de cuello uterino, lesiones vaginales y anales y presencia de semen, las circunstancias de la presunta violación que inicialmente se establecieron cambiaron dramáticamente en las siguientes semanas.
La investigación aún estaba en curso, y el entonces presidente mexicano Felipe Calderón anunció el 13 de marzo que la causa de la muerte de Asensio fue “gastritis crónica no tratada”, lo que llevó a un aparato estatal a encubrir la agresión sexual y volver a victimizar a la mujer y su familia. Hace apenas unos días, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) exhumó el cuerpo de Asensio y realizó una nueva autopsia, que reveló que la causa de su muerte fue “un shock hemorrágico provocado por un sangrado masivo en el tracto gastrointestinal superior, secundario a gastritis y erosión superficial de la mucosa gástrica”. En ese momento, poco importó que el primer informe de la Fiscalía General indicara que “un objeto cortante” introducido por el ano le había destruido “los riñones, el hígado y los intestinos”. La Recomendación CNDH No. 34/2007 sostuvo que no había “evidencia clínica” de que Asensio fuera una “víctima de violación” y por lo tanto no se podía perseguir ningún delito penal.
Aún después de que la Fiscalía de Veracruz anunciara el 30 de abril de 2007 que no se presentarían cargos penales por falta de pruebas, y que la investigación militar sobre lo sucedido fuera iniciada en junio del mismo año, los familiares de la mujer náhuatl continuaron su batalla legal buscando justicia, acudiendo incluso a la Corte Suprema de Justicia del país (SCJN). En este caso, las víctimas sufrieron un nuevo revés cuando la agencia les negó el acceso a los documentos de los peritajes. Ante esta situación, el caso fue elevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2017, la cual, tras analizar el caso, determinó que Asensio “fue víctima de violación sexual por parte de militares mexicanos, lo que constituyó tortura y violó su integridad personal, su honor, su dignidad y el derecho de las mujeres a estar libres de violencia”.
El caso fue presentado ante la Corte Interamericana de Justicia el 11 de junio de 2023, la cual unos meses después reconoció que el asunto debía ser tratado y celebró una audiencia pública el 30 de enero. El martes casi marca el final de un largo proceso que lleva 18 años de retraso. El gobierno mexicano todavía está obligado a cumplir con las medidas que se le imponen.