El Parlamento de Cataluña aprobó el miércoles una propuesta para modificar las leyes antifobia LGBTI presentada por el PSC, Junts, ERC, Comuns y la CUP. El nuevo texto deroga el anterior y actualiza el marco regulatorio de las primeras normas españolas destinadas a proteger al colectivo LGTBIQ+.
La novedad del texto se basa en dos puntos principales. La primera es ampliar el régimen sancionador, añadiendo supuestos que definan las infracciones y clasificándolas según su gravedad, con multas que oscilan entre los 300 y los 500.000 euros.
Además, se trabajó para equiparar estos delitos con los de la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, aprobada seis años después, y se añadieron supuestos para incorporar nuevas realidades, como las personas intersexuales y transgénero que apenas estaban presentes en el texto original.
Esto incluye una protección específica para ellos y fortalece el enfoque “interseccional” de la ley. Asimismo, la administración pública tiene la responsabilidad de crear un espacio de memoria democrática para el movimiento LGBTBI.
Los cambios también incluyen el derecho de la víctima a una indemnización y el derecho del infractor a medidas complementarias o alternativas, si la víctima consiente.
El texto contempla la creación de una Red de Servicios Integrados de Atención (SAI) para coordinar todos los servicios y puntos de información LGBTBI existentes, así como los centros de asesoramiento, atención y apoyo que deben desplegarse en toda Cataluña.
Ni PP, ni Vox, ni Aliança
La Ley 11/2014, ley de Cataluña contra la LGBTBIfobia, tiene como objetivo garantizar los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales y combatir la homofobia, la bisexualidad y la transfobia, y es la primera ley aprobada en España para proteger los derechos de este colectivo.
En su momento, la ley se aprobó casi por unanimidad, con el voto del PSC, ICV, ERC, CUP, Ciudadanos y Convergència, que entonces votaban por separado de Unió. Los democristianos rechazaron algunas disposiciones de la ley, pero el Partido Popular fue el único que dijo un “no” incondicional.
Diez años después, la historia se repitió, aunque con el apoyo de PP y Vox. Belén Pajares, del Partido Popular, advirtió que su grupo se plantea recurrir algunas disposiciones ante el Tribunal Constitucional porque “no se puede favorecer a un grupo frente a otro” por miedo a provocar un “insatisfacción comparativa”.
Por otro lado, el PSC respondió que la ley “no crea privilegios, pero refuerza los mecanismos de prevención”. La CUP también expresó la misma opinión, considerando que la ley original estaba llena de significado simbólico y que esta ley es más “poderosa”.
ERC ha subrayado la importancia de la ley en una época en la que “el odio se banaliza y el fascismo va en aumento”, mientras que Común ha querido recordar a “las mujeres y personas LGBTI que son vulneradas y agredidas por un sistema que no garantiza sus derechos”.