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Diversas encuestas muestran que la salud es una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos chilenos. Esto no es sorprendente: el sistema de salud de Chile ha estado sufriendo una crisis estructural durante años, dejando al país endeudado con sus ciudadanos. Como señalamos en el capítulo de Salud Informe Anual de Derechos Humanos 2025esta crisis es causada por múltiples razones. Tiene sus raíces en patrones segmentados y discriminatorios basados ​​en género, edad y nivel socioeconómico, una falta de sostenibilidad financiera, desigualdades entre los sectores público y privado, una falta de énfasis en la atención primaria como puerta de entrada al sistema y una regulación opaca y débil del sector de seguros. Estos factores crean desigualdades en el acceso y la calidad y perpetúan la lógica del mercado que prioriza la asequibilidad sobre el derecho a la salud.

En este contexto, la elección presidencial es decisiva. Si bien ambos candidatos reconocen la crisis sanitaria, existen diferencias sustanciales en su diagnóstico y respuesta. Jeannette Jara lo entiende como un fenómeno estructural que requiere el fortalecimiento de las redes públicas, mientras José Antonio Kast centra el problema en las listas de espera y propone una mayor dependencia del sector privado sin abordar reformas sistémicas ni explicar su sostenibilidad financiera.

El plan de Castells propone una derivación masiva al sector privado, financiada con una inversión única de 770 millones de dólares -equivalente al 3% del presupuesto del Ministerio de Sanidad- procedente de reasignaciones, ajustes fiscales, controles más estrictos sobre las licencias médicas y la eliminación de proyectos mal evaluados. También propuso reformas laborales para eliminar los “privilegios sindicales” y fortalecer el liderazgo técnico en los hospitales, pero no detalló cómo se implementarían.

Este enfoque puede aliviar la presión en el corto plazo, pero no constituye una reforma estructural. Como se muestra en la imagen informe anual de derechos humanosel sistema necesita una transformación a largo plazo. Sin una inversión sostenida en infraestructura y recursos profesionales, administrativos y humanos, la compra de beneficios reproduce la dependencia del Estado de los proveedores privados. Además, ignora pilares importantes: fortalecer la atención primaria, considerar los determinantes sociales e invertir en capacidad pública. En lugar de fortalecer al Estado, profundiza la externalización sin abordar las causas profundas de la crisis.

A diferencia de las propuestas que se centran en externalizar funciones del sistema público al sistema privado, el plan de Janet Hara adopta un enfoque más integral y pretende fortalecer el sistema público a través de un plan de inversión global que permitirá priorizar las inversiones en centros de oncología, salud primaria y salud mental, así como fortalecer el territorio. Al mismo tiempo, reconoce que el modelo de seguro complementario es un estado intermedio hacia la cobertura universal de salud, lo cual es una de las principales conclusiones del capítulo de salud de la Cobertura Nacional de Salud. informe anual de derechos humanos.

En cuanto a la duración de la atención, recomienda un período máximo de seis meses para exámenes, un año para cirugías y consultas de especialistas, y 90 días para enfermedades de alto riesgo. Para lograr estos objetivos, planea aumentar la capacidad quirúrgica en 150.000 cirugías por año mediante horarios extendidos y el uso del pabellón los fines de semana y servicios de telemedicina ampliados. En cuanto a la atención primaria, el plan recomienda ampliar el horario de atención del CESFAM de 8:00 a 20:00 horas (incluidos los fines de semana) y dotarlos de tecnologías de diagnóstico más potentes, como rayos X, ecografías, endoscopias y mamografías.

Entre las prioridades de salud destaca el cáncer, con foco en la detección temprana, la prevención y el diagnóstico oportuno en la atención primaria, particularmente del cáncer ginecológico y de mama, y ​​la salud mental, a través de un mayor financiamiento para camas psiquiátricas, la ampliación de la COSAM y el fortalecimiento de la atención hospitalaria familiar, además de estrategias de prevención del suicidio y apoyo a adolescentes y cuidadores. También ha priorizado la salud bucal formando alianzas con universidades y clínicas privadas para reducir las listas de espera e implementando clínicas móviles para ampliar los servicios. Finalmente, incorpora medidas de salud reproductiva en el marco de la iniciativa “Chile Vive Contigo”, encaminada a ampliar el acceso a la fertilización asistida y promover la humanización del parto, y continúa la discusión del proyecto de aborto hasta la semana 14.

En resumen, esta elección se enfrentó a dos visiones contrapuestas para el futuro de la salud pública en Chile: una centrada en fortalecer y ampliar la capacidad del sistema estatal para garantizar el derecho a la salud con estándares universales y preventivos, y otra que priorizó la subcontratación de servicios al sector privado como respuesta inmediata a la crisis, sin siquiera explicar la viabilidad financiera de tales propuestas.

El desafío para el próximo gobierno no será sólo reducir las listas de espera, sino abordar las causas estructurales profundas del sistema actual que reproduce desigualdades y limita la capacidad del país para garantizar un acceso digno y oportuno a los servicios. Los ciudadanos no sólo quieren soluciones rápidas, sino un programa de salud pública que vaya más allá del corto plazo y cosifique la salud como un derecho y no como un bien de mercado.

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