En uno de los artículos más claros sobre el tema, un clásico escrito por Rafael Sánchez Ferlosio en El País en diciembre de 1984, cuando todos éramos adolescentes ingenuos (algunos aún no nacidos), la financiación es inversamente proporcional al capital. … cultura. El gran autor de “El naufragio”, que tituló “La cultura, la invención del gobierno”, recuerda todos los oficios y aventuras de directivos entusiastas de la era del “cambio” que alcanzaron alturas ministeriales para impulsar proyectos locos. El espíritu de la época nos hizo perdonar casi todo, incluso esos diseños de picos con los colores del parchís, o la uniformidad de la nueva clase, bendecida con un presupuesto, que se vestía como Bruce Willis en “La hoguera de las vanidades” y profesaba su apoyo a la inusual y dulce libertad que estaba ligada al nuevo poder. Han pasado cuarenta años, demasiados años, y hemos perfeccionado este invento. Incluso cambiamos las cosas. Ahora el sacerdote y sus profetas deciden qué es cultura y qué no por dinero. Lo mismo que antes, pero con una pretensión filosófica. De hecho, la cultura es algo que está más allá de su diseño, algo que surge por sí solo y no necesita ser enfatizado. Ni hablar de los toros, ni de “Tarde Solitaria” y “Los Domingos”, que tienen influencia propia además de las ayudas ministeriales. Pero nadie entiende que este gobierno fiscal no reducirá el IVA cultural. De esto se desprende lo que queremos mostrar: sólo la verdadera cultura puede paralizar a un ministro. finalmente.
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