El asesinato el martes de Jean Claude Bossard, un bogotano de 29 años que había vivido en Barranquilla la mayor parte de su vida, profundizó las discusiones sobre la reincidencia criminal y la efectividad de la justicia en la capital de Colombia. El alcalde Carlos Fernando Galán reconoció que había sido alertado sobre la banda que perpetró el ataque. Tras el asesinato, un policía mató a tiros a uno de los atacantes y detuvo al otro, un menor de 16 años que se encontraba en libertad condicional tras ser detenido por robo en mayo. El asesinato fue parte de otros asesinatos recientes: el 2 de noviembre, tres personas asesinaron a Alejandro Ladino, de 33 años, en la localidad de Engativá, al oeste de la ciudad, para robarle su bicicleta; El 13 de noviembre, Héctor Mauricio Latorre, de 73 años, fue asesinado en la localidad suroriental de San Cristóbal mientras intentaba proteger a un grupo de jóvenes de un robo.
“Estos incidentes son una llamada de atención para todos. A pesar de la advertencia, los delincuentes continúan cometiendo delitos y esto no puede seguir sucediendo”, afirmó Garland. Pidió que sea prioridad la detención de los asesinos que intentaron robos. Sin embargo, incluso si son arrestados, los detenidos son liberados fácilmente. Por eso, afirmó el alcalde, el asesinato de Bossard fue “tanto más doloroso cuanto que fuimos alertados”.
El caso muestra cómo la ciudad está siendo golpeada por la reincidencia delictiva, un problema nacional. Según Excelencia Judicial, este fenómeno va en aumento, según datos del INPEC. En 2016, el sistema judicial condenó a 114.417 delincuentes, de los cuales 18.750 fueron reincidentes (16,4%). Para 2024, el número total de condenas será de 109.764 y el número de reincidentes alcanzará el 22,6%, incluidas 24.858 personas. Daniel Mejía, exministro de Seguridad de Bogotá, señaló que el 52% de los capturados por la policía entre 2012 y 2019 habían sido detenidos antes, mientras que el 63% de los imputados por la Fiscalía habían sido acusados anteriormente. “El patrón no ha cambiado y es peor en Bogotá”, afirmó.
Además, Noticias RCN informó en mayo que sólo el 3% de las personas arrestadas por agresión en Bogotá terminaron en la cárcel: de las 1.687 personas arrestadas por este delito, sólo 57 fueron encarceladas. “El principal problema de la delincuencia urbana es la reincidencia y su impunidad, ya sea por delitos menores o graves”, subrayó Mejía. El exsecretario agregó que esto se debe a que, en muchos casos, los fiscales encargados de legalizar las detenciones, presentar cargos y exigir medidas de seguridad estaban “muy ciegos respecto de los antecedentes penales de los imputados”.
Las cifras de homicidios en la ciudad han mejorado, un delito muy visible. Según la Secretaría de Seguridad Regional, las cifras de enero a octubre de 2025 muestran una disminución de casos de 103 a 98 en comparación con el mismo período de 2024. Pero durante el mismo período, los robos saltaron de 11.851 a 13.055, un aumento del 10,1%.
En su intervención este miércoles en la cumbre “Visión 2026” de Prisa Media, Garland afirmó que todo esto se debe “al debilitamiento de la capacidad de las fuerzas públicas”, al “fortalecimiento de las bandas criminales por el aumento de la producción de droga en el país” y a “las normas que permiten la liberación de las personas detenidas tras cometer delitos”. Recordó que en Bogotá siete de cada 10 personas arrestadas por robo de vehículos finalmente fueron liberadas. Este año han sido detenidas por este delito 390 personas, de las cuales 273 han quedado en libertad. “No es una cuestión de fiscales ni de jueces, sino de normalidad”, afirmó el alcalde, un político centrista. Mejía coincidió en que las reglas para implementar la prisión preventiva son “muy laxas” y argumentó que se necesitan reformas legales para permitir penas de cárcel automáticas para personas arrestadas tres veces en uno o dos años, incluso por delitos menores.
Garland también lamentó que Bogotá es “de lejos” la ciudad de Colombia con menor número de policías por cada 100.000 habitantes, “pero la ciudad con mayor necesidad”. La capital tiene unos 200 agentes por cada 100.000 habitantes (poco menos de 16.000 agentes en total), frente a la media nacional de unos 310. El presidente también subrayó que a medida que crece la población, la fuerza policial también disminuye: “Hace doce años, había 20.000 policías, y hoy hay 5.000 policías menos, pero la población ha aumentado”.
El alcalde señala que también juega un papel el fortalecimiento de las bandas criminales a nivel nacional: “Las redes de narcotráfico están vinculadas a redes de telefonía móvil o robo de vehículos, extorsiones y mercados criminales”. Para Mejía esto también es indiscutible. El fortalecimiento de los grupos criminales en el país ha tenido inevitablemente un impacto en la seguridad de las ciudades y se ha producido un “desbordamiento de sistemas de justicia que ya no dan abasto”.
En este sentido, Garland insistió en la necesidad de “revisar la normativa, reforzar la capacidad de la policía y los mecanismos de vigilancia local” y encontrar la manera de “garantizar una justicia efectiva cuando alguien comete un delito”.