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Más de 27 millones de peruanos fueron invitados el domingo a elegir entre Keiko Fujimori, la candidata conservadora del Poder Popular (FP), y el progresista Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (JP), cuando el país sudamericano entró en una segunda ronda de votación después de casi dos meses de incertidumbre sobre el resultado de una primera votación el 12 de abril que terminó en una larga y tensa votación de 35 minutos. Se anunció oficialmente después del día.

La última investigación de opinión pública publicada a principios de esta semana mostró que Fujimori, la hija del fallecido ex presidente y dictador condenado por crímenes de lesa humanidad Alberto Fujimori (1990-2000), que se postula para presidente por cuarta vez, tiene una ligera ventaja. En las encuestas orales obtuvo un 38 por ciento de apoyo frente al 35 por ciento de Sánchez, mientras que en la encuesta simulada de Ipsos ganó con un 51,4 por ciento de los votos válidos frente a un 48,6 por ciento de Sánchez, dentro del margen de error.

El informe del encuestador afirma: “En la simulación, el 10,5% dejó su voto en blanco y el 10,8% canceló su voto. Es posible que algunos de los que votaron en blanco estuvieran realmente indecisos. A su vez, el 74% de los votantes de cada candidato afirmaron que habían decidido votar, pero el 26% restante probablemente cambiaría de opinión”.

Teniendo en cuenta que las encuestas antes de la primera vuelta no notaron el ascenso de Sánchez, similar al del expresidente actualmente encarcelado Pedro Castillo (2021-2022), en algunas encuestas Sánchez ni siquiera se ubicó entre los cinco primeros, terminando en segundo lugar, por delante de candidatos populares como el ultraderechista Rafael López Aliaga.

Escepticismo y desconfianza electoral

Hay más de una razón por la cual el partido de primera ronda de Perú en abril alcanzó alturas extraordinarias. En primer lugar, por el número récord de candidatos: 35. Esta cifra presagia una dispersión de votos. Para complicar aún más las cosas está la alternancia del sistema legislativo bicameral, que también está incluida en la votación. Como si eso no fuera suficiente, el día de las elecciones se denunciaron ampliamente irregularidades: desde retrasos en la apertura de los colegios electorales hasta la no apertura de los colegios electorales, lo que provocó que la votación se prolongara hasta el día siguiente.

Peor aún, el lento ritmo del conteo de votos generó una creciente desconfianza entre los ciudadanos de la Oficina del Proceso Nacional Electoral (ONPE), entidad que organiza las elecciones, y llevó al candidato López Arriaga a denunciar públicamente fraude sin pruebas y pedir la anulación de las elecciones. Las presiones provocaron la dimisión del director de la ONPE, Piero Corvetto. Los resultados no se anunciaron hasta el 17 de mayo, 35 días después de la primera vuelta. La desaceleración se debió a la observación de más de 68.000 actas de revisión y la transmisión en vivo de más de 2.300 audiencias públicas.

Fujimori quedó primero con el 17,18% de los votos, seguido de Sánchez (12,03%) y López Arriaga (Pueblo Renovación) con el 11,9%, a sólo 21.210 votos del candidato de izquierda, quedando el candidato de extrema derecha en segundo lugar tras conocerse los primeros resultados.

Se espera que el resultado sea muy reñido y existen riesgos de que se repitan las acusaciones de fraude y de que no se reconozcan los resultados electorales, especialmente si Fujimori pierde.

Eliana Carlín
politólogos y analistas

Para la politóloga y analista Eliana Carlín, el impacto de la primera vuelta en el proceso electoral aún en curso es enorme. Hay que tener en cuenta que sólo Fujimori tenía certeza de llegar a la segunda vuelta, mientras que Juntos por el Perú “estuvo semanas peleando impugnaciones y defendiendo el voto para confirmarse para la segunda vuelta”. Carlin predijo que ni siquiera la dimisión del jefe de la ONPE aliviaría completamente la presión sobre la nueva ronda de votaciones. “Se espera que los resultados sean muy ajustados, pero existe el riesgo de que se repitan las voces de fraude y los resultados electorales no sean reconocidos, especialmente si Keiko Fujimori pierde”.

El investigador Hernán Chaparro no descarta que el tiempo de cómputo vuelva a ser mayor al recomendado, sobre todo conociendo la experiencia de la primera vuelta: “Puede llevar mucho tiempo, porque lo más probable es que haya mucha pelea por las tablas”. Ante esta situación, el mismo profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Católica espera que la ONPE responda mejor. En concreto, sugirió activar “una sala de prensa permanentemente abierta para informar sobre los avances”, lo que “ha hecho excepto en la primera vuelta”. Si no, advirtió, “la gente empezará a tomar los datos y a hacer cálculos sin ningún apoyo”.

incertidumbre del resultado

Más allá de las estimaciones de las encuestas, las predicciones sobre el eventual ganador son complicadas. La inesperada actuación de Sánchez arruinó muchos cálculos y planes, al tiempo que puso de relieve el “antifujimorismo” de la sociedad peruana y la fuerza del apoyo de los votantes rurales al desventurado candidato ministerial de Pedro Castillo.

Chaparro cree que la elección la decidirán quienes “todavía están pensando en ello”. “Muchas personas de centro o centro izquierda creen que el voto fue nulo (inválido) porque no confían en ninguno de los dos, pero JP se ha movido hacia el centro y Fujimori no ha mostrado ninguna intención de cambiar lo que están haciendo sus parlamentarios de 2021 a 2026. Estas son opiniones tanto pro-JP como anti-FP”, señalaron los investigadores.


En la misma línea, Carlin sugirió que el resurgimiento del antifujimorismo podría ser el factor decisivo que incline la balanza a favor de Sánchez. El analista se refirió a la última ola de protestas en el país andino, cuando una represión tras la salida de Castillo dejó casi 50 muertos. “Esto, naturalmente, debilita significativamente el tejido social”, afirmó.

El politólogo también valora el compromiso de Sánchez de movilizar a otras fuerzas políticas progresistas y formar un frente de gobernabilidad. “Creo que esto puede determinar en última instancia el resultado de las elecciones. Sin embargo, vale la pena mencionar que Fujimori está en la cima de las encuestas y tiene todo el apoyo de los medios y las grandes empresas”, aclaró.

La inesperada actuación de Sánchez arruinó muchos cálculos y planes, al tiempo que puso de relieve el “antifujimorismo” de la sociedad peruana y la fuerza del apoyo de los votantes rurales al desventurado candidato ministerial de Pedro Castillo.

Una vez que se anuncien los resultados de la segunda vuelta electoral, quien resulte electo enfrentará un tema más complejo en el Perú contemporáneo: gobernar. En un país que ha registrado ocho presidentes en los últimos 10 años, la estabilidad se ha convertido en un ideal político casi inalcanzable, especialmente teniendo en cuenta el papel que desempeña el Congreso a la hora de destituir y reemplazar a los líderes con facilidad.

En este contexto, Chaparro afirma que la estabilidad de los gobernantes electos dependerá en última instancia de un factor fundamental inusual en la cultura política sudamericana: las autoridades “tienen en mente los intereses del país, lo cual es casi contrafactual”. El profesor recordó que el país se ha convertido en un depredador de todo tipo de corrupción, por lo que detener la corrupción y administrar bien el país son las principales prioridades. “Lo otro es llegar a un acuerdo para revocar una serie de leyes que el Congreso ha promulgado en su propio nombre. La luna de miel de la administración anterior duró muy poco porque no importa quién llegara al poder, habría oposición minoritaria y mediática”, señaló.

Centrándose en la gobernabilidad, Carlin vaticinó que el parlamento fragmentado “tendrá un nuevo dinamismo al transformarse en un congreso bicameral”, pero en el que los partidos de derecha Poder Popular (Fujimori) y Renovación Popular (López Arriaga) ocuparán casi la mitad de los escaños del Senado, lo que les dará dominio. “En el caso de Roberto Sánchez tendrá que aliarse con más grupos, no siempre tan parecidos, para poder gobernar y no ser despedido (destituido) como ha sucedido en los últimos años”, vaticinó.

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