Evo Morales (Orinoca, 66 años) está atrincherado en el lugar donde construyó su poder político: el Chapare, la región cocalera de Bolivia. Allí, cultivó aguacates, crió peces, jugó ajedrez, corrió e hizo abdominales para mantenerse en forma mientras seguía de cerca el levantamiento indígena que ha envuelto al presidente boliviano, Rodrigo Paz, seis meses después de asumir el cargo. La popularidad del presidente, que estuvo en el poder entre 2006 y 2019, había disminuido pero fue resucitada por Paz, quien lo ve como el principal instigador de protestas y bloqueos de carreteras que no tenían un líder claro y se extendieron por todo el país. “Yo no convoqué esta movilización”, se defendió Morales en una entrevista en vídeo con El País.
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