Mientras aún se espera el centenario de la “Generación 27”, ya se vislumbra la celebración de la muerte de Goya (1828-2028), que fue presentada ayer en un acto presidido por el ministro Urtasson. Este tipo de fiestas siempre son buenas … Si se tiene la oportunidad de revisar la historia actual sobre un personaje o tema, no hay duda de que una de las controversias más acaloradas al estilo Goyer es “Coloso”.
En el fondo, la pregunta del millón que plantea el autor es interesante, como la ha esbozado Jesús G. Calero en este diario a lo largo de los años, pero también se discuten sus orígenes: ¿Goya simplemente lo imaginó o se inspiró en algo? hombre sabio Nigel Glendinning Sugirió de manera bastante plausible (en artículos separados de 1963 y 2004) que el pintor tomó esta idea de dos poemas patrióticos de Quintana (“A España después de la Revolución de Marzo”) y Arriaza (“Profecía de los Pirineos”), Manuela Mena fue rechazado.
Bueno, en una época en la que la colaboración interdisciplinaria es tan buscada y celebrada, a veces algunas de las respuestas provienen de otra parte. Así es, eh. Martín Zuleka Otra clave la encontramos en un libro dedicado a la recepción de la epopeya del Siglo de Oro (El largo intervalo, Iberoamericana-Vervuert, 2024): efectivamente, en “Victoria para Bernardo o Roncesvalles“(1624), Bernardo de Balbuena (sí, esto no es broma, es “El Bernardo” de Bernardo), hay un enfrentamiento entre los ejércitos español y francés, en el que aparece un pasaje sobre la encarnación de “los antiguos y torcidos Pirineos” (Libro XXIV, Octava 19-31), él – continúa – “Su cabeza de roble coronada/Dicen que se levantó entre acantilados y tierra/Temblé cuando las grandes montañas abrieron sus ojos. Lo más importante es que Munarriz y Quintana rescataron con precisión el texto (el poema fue editado en 1808) y lo utilizaron como ejemplo de oda a citar en el contexto de la resistencia antifrancesa.
En definitiva: la idea del “Coloso” proviene de un fragmento de la famosa epopeya de Balbuena que fue rescatada y difundida en el contexto de la reunión de Quintana en torno a la Guerra de la Independencia, y es dentro de ese marco patriótico donde siempre se ha entendido la pintura goyeresca. Vamos, que Goya era sordo, vale, pero seguro que sabía leer: y lo aprovechó.