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Nada genera más expectación que un delicioso postre. Si hablamos del equipo más famoso del continente asiático, Pakistán juega en otra liga. La historia culinaria de Pakistán está estrechamente ligada a las tradiciones mogoles, la cultura musulmana y la centralidad de la leche y el azúcar, lo que explica por qué los postres paquistaníes son ricos, fragantes y muy festivos. Aquí el postre no se deja para siempre: forma parte del ritual social, del té y de la hospitalidad.

En este recorrido pastelero por Pakistán surgieron nombres que todo viajero ha oído hablar o probado: gulab jamun, kheer o jalebi, estos dulces forman parte del día a día y de las ocasiones importantes. Pakistán puede estar dividido por provincia, idioma o tradición, pero hay una cosa que lo une: una forma generosa de compartir su dulzura.

1. Gulab Jamún

Uno de los postres más populares del país. Bolitas fritas elaboradas con sólidos lácteos y bañadas en un almíbar de azúcar aromatizado con cardamomo y agua de rosas. Son reconfortantes e imprescindibles en bodas y celebraciones.

2.Jalebí

Espirales fritas cubiertas de almíbar, crujientes por fuera y dulces por dentro. Se sirven calientes y son habituales en celebraciones y desayunos festivos con leche.

3. Kiel

Arroz con leche del subcontinente. Está elaborado con leche, arroz y azúcar y aromatizado con cardamomo y frutos secos. Es uno de los postres más comunes, que se encuentra en templos, hogares y celebraciones.

4. Buffy

Caramelo espeso elaborado a base de leche condensada o reducida, azúcar y frutos secos. Se corta en cubos pequeños y comúnmente se regala en celebraciones religiosas y familiares.

5.Zarda

Arroz dulce y colorido aromatizado con cardamomo, agua de rosas y frutos secos. Típico de celebraciones especiales, destaca por su rico sabor y vistosa apariencia.

Pakistán demuestra que los postres son celebraciones y vínculos sociales. Sus dulces hablan de celebración, de compartir y de una cocina donde el azúcar no se esconde, sino que se aporta. A veces, entender un país comienza por aceptar ese postre que siempre aparece en el centro de la mesa.

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