La versión teatral de “1984“sigue recibiendo atención pública. Han pasado ocho años desde Carlos Martínez Abarca y Javier Sánchez-Corrado La novela se estrenará en el Teatro Galileo en una edición revisada por george orwell … De nuevo un éxito indiscutible y llenando las salas del Jardiel Poncela de Fernán Gómez. Se trata de una etapa inquietante por su notable potencia dramática, que crea una realidad paisajística entre los años setenta y el milenio, en la que la frialdad del metal se combina con la omnipresencia de la tecnología de la pantalla, encarnación de una narrativa dramática inequívocamente cerrada, asfixiante y claustrofóbica, presidida por un ojo omnipresente que lo vigila todo.
en un montaje Sin duda metateatral Todo está diseñado para expresar esta asfixia: paradójicamente, la iluminación oscurece todo, los elementos industriales representan un surrealismo paranoico, los retratos de personajes están en proceso de disfunción o abrumados por ella, como les sucedió a Winston y Julia. El mensaje sigue siendo claro: el totalitarismo no es sólo un sistema político, una estructura social, sino un modo de conquista psicológica que no está fuera de nosotros sino dentro de nosotros mismos, controlando pensamientos, emociones e incluso deseos sexuales.
La fidelidad personal a la novela no impide una obra completa: los numerosos personajes del texto de Orwell se reducen a cuatro, pero encarnan toda la caracterización. Las obras interpretativas son, por tanto, uno de los primeros elementos a destacar, ya que, además de las grandes capacidades técnicas de cada una de ellas, también buscan impactar al público, creando una obra que inquieta y conmociona a través de una presencia tan viva y tan objetiva que nos desafía constantemente y nos hace cuestionar nuestra situación actual: “La mera obediencia no basta”, se dice, “hay que amar a Gran Hermano”. O: “Sólo ama al Partido y se lo debes al Partido”.
Esta versión teatral de 1984 es maravillosa en muchos sentidos, no sólo por su carácter inmersivo, sino también por la brillante dirección de Carlos Martínez-Abarca, quien logra el desafío de llevar el libro de Orwell al escenario, brindándonos momentos de innegable brillantez. En lo que se considera una gran epopeya de nuestra pesadilla política, nada está comprometido, todo suena como un hecho dramático y un intento de involucrar al público.